¿Las diferencias?
A pesar de que uno de los principales estandartes de la actual administración es gritar a todas las esquinas del universo que son “diferentes”, en realidad se ha convertido en el punto culminante de las viejas prácticas llevándolas a la perfección.
Como ya es costumbre, en los días previos a la llegada del noveno mes del año, los medios de comunicación se comienzan a inundar del discurso triunfalista de todo gobierno. La razón es muy sencilla, pues el primer día de septiembre se debe rendir el informe de gobierno que, con el paso del tiempo, en realidad se ha convertido en una pasarela del poder y en un acto de promoción de quien ostenta el cargo de primer mandatario en nuestro país.
Así, a pesar de que uno de los principales estandartes de la actual administración es gritar a todas las esquinas del universo que son “diferentes”, en realidad se han convertido en el punto culminante de las viejas prácticas llevándolas a la perfección. En eso no se equivocan, puesto que los engranajes del clientelismo, el populismo y demás florituras, bien diseñadas por décadas de priismo, han sido aceitadas por los mejores maestros y alumnos de aquel régimen –comenzando por el propio López Obrador—.
Ya comienza la danza de los llamados spots en un momento clave para este sexenio, cuando ya se han volcado a estructurar los dos últimos años de su administración como parte de aquello que manejan a la perfección: una permanente campaña electoral que, ante la mirada de todo el mundo, se desarrolla bajo una perversa lógica de la libertad de expresión que le da vuelta a la hoja de la legalidad. Una idea de la democracia muy a su modo.
Sin embargo, nadie podría objetar que se deben presumir los logros de esta administración como parte del cuarto informe de gobierno que, bajo la lógica presidencial, será la decimoquinta ocasión que se rinde un pretendido “informe” a la nación. Palabras y palabras que van creando una percepción de la realidad que dista mucho de aquella que, día con día, se sufre en nuestro país, lo cual es una obviedad. Ningún gobierno tomaría el micrófono para hacer público su fracaso o para exhibir los aspectos en los que no fue capaz de responder a las exigencias del contexto. Mucho menos lo haría este gobierno, que halló en culpar al pasado de todos los males que lo aquejan, del fracaso que han implicado muchas de sus decisiones y que, de ninguna manera, pueden menoscabar la imagen de quien se erige como la única garantía que posee el partido oficial con miras a las siguientes elecciones. Por supuesto, entre la victimización y los aires redentores, la imagen de quien habita Palacio Nacional se debe seguir proyectando.
Ya lo dijo Claudia Sheinbaum –quien, al parecer, sigue fungiendo como la jefa de Gobierno de la Ciudad de México–, la mayor tarea de Morena –y, por extensión, de todo el gobierno— es que López Obrador “recupere” los puntos de popularidad que se han quedado en el camino de este sexenio. El reto parece sencillo, pues, según sus cálculos, para septiembre del año 2024, el actual mandatario debería jactarse de lograr un 85% de popularidad en la sociedad. ¿Para qué apuntalar la imagen de quien estaría por dejar el cargo de la Presidencia al finalizar su sexenio? Pues, porque es la única tabla de salvación en las precampañas del partido oficial con miras a las elecciones del Estado de México y a las federales del 2024. Porque la “simpatía”, el carisma y el impacto con la gente no son los puntos fuertes de Sheinbaum, Adán Augusto, Marcelo y, mucho menos, Delfina Gómez, quienes solamente han sido reconocidos como perfectos operadores del actual gobierno y del Presidente. Por otro lado, también se asoma la poderosa línea de las acciones políticas que serán la línea: se trata de conseguir la popularidad a cualquier costo. No importa la inseguridad, ni la crisis económica o del sector salud –por cierto, ¿ya circulan los medicamentos para el tratamiento contra el cáncer de niños, niñas y adultos? Pero de promesas viven sus electores—, lo trascendente es la popularidad que se reflejará en las urnas. Al parecer, esto será el proyecto de gobierno en los dos últimos años y, para conseguirlo, tiene una de las mejores herramientas: todas las instancias del Estado.
No es una casualidad que el primer spot de este nuevo informe presidencial esté dedicado a tocar una de las fibras más sensibles en la idiosincrasia mexicana: el apoyo económico a los adultos mayores. Así, por extensión, ya se deja ver que, en el Paquete Económico para el siguiente año, los programas sociales sean el caballito de batalla, ¡vaya coincidencia!, sin dejar de lado el discurso triunfalista acerca de sus obras insignia.
¿Se dirá algo acerca del rescate de los trabajadores de la mina en Coahuila?, ¿de la torpeza de la Secretaría del Trabajo, de Protección Civil, de la Sedena y de la soberbia que impidieron una rápida acción de rescate? Nada de eso, por supuesto. No sea que sus correligionarios tengan información, se hagan preguntas y cueste más trabajo mantener la popularidad.
