La paradoja de los lugares comunes
Desde hace un par de años, el Presidente se ha jactado de un logro “histórico” que cambiaría la situación de la inseguridad y violencia en el país: la reunión del Gabinete de Seguridad.
No podemos acostumbrarnos a respuestas que sólo forman parte de un cúmulo de palabras que han dejado de tener sentido desde hace algunos años. Ante la violencia y la barbarie, el Estado mexicano se ha limitado a responder en la medida de lo necesario para evadir su responsabilidad y adjudicar toda culpa al pasado, como lo ha hecho desde el primer día del presente sexenio. Éste es un primer lugar común, pues ya no se espera otro tipo de respuestas por parte de la pretendida Transformación.
Si bien, la violencia provocada por el crimen organizado, los homicidios dolosos y las desapariciones han sido terribles aspectos que han ocupado –de manera constante– a analistas, medios de comunicación y a quienes siguen en la lucha por exigir justicia, el asesinato de dos sacerdotes jesuitas y de una tercera persona, en un templo de la sierra Tarahumara, ha obligado a poner en la mesa –otra vez, sí, otra vez– la estrategia del actual gobierno para cumplir con una de sus principales obligaciones: garantizar seguridad en todo el territorio nacional. Esto se ha convertido en otro lugar común: la justificación del principio lanzado a los cuatro vientos acerca de “los abrazos y no balazos” ha alcanzado niveles tragicómicos y esperpénticos.
Este gobierno ha pretendido, con cierto éxito, edulcorar la realidad para que su amplia base de seguidores no tenga una opinión diferente a la oficial, aunque los hechos, las estadísticas y lo evidente se presente ante su mirada. Es más importante sostener la ilusión de un gobierno que sólo ha cumplido las promesas que le aseguran reflectores, gritos de apoyo en mítines y una dimensión populista que le asegura una sólida proyección en las boletas electorales.
Desde hace un par de años, López Obrador se ha jactado de un logro “histórico” que cambiaría la situación de la inseguridad y violencia en nuestro país: la reunión –sistemática– del llamado Gabinete de Seguridad para trabajar en función de cumplir con tal objetivo. Desde las 6 de la mañana se reúnen quienes son responsables de brindar y garantizar la seguridad en nuestro país. Sin embargo, el mandatario sólo se ha limitado a presumir ese hecho como un máximo logro que sólo ha servido para inundar de retórica populista su diario monólogo. Otro lugar común que ha funcionado como la única respuesta eficaz ante la violencia que, día con día, arrasa a nuestro país.
Al mismo tiempo, se ha consolidado una estrategia que resulta cada vez más familiar: la constante presencia y la voz de quienes conforman las Fuerzas Armadas de nuestro país en diferentes actos públicos, en especial, los de la Presidencia de la República. La aceptación y buena mirada, desde una perspectiva simbólica, que mantenían el Ejército y la Marina en la sociedad ha sido muy bien explotada por el actual gobierno, al imponerlo como su principal socio comercial y contratista para llevar a cabo sus obras insignia: no hay mejor archivo para conservar los expedientes que el ámbito castrense. Por cierto, si alguien tiene duda acerca de la preponderancia de las Fuerzas Armadas en la actualidad, baste observar que en uno de los actos insignia para anunciar la apertura de los archivos que existen acerca de la conocida “guerra sucia” –una de las peores etapas de nuestro país en las que la represión y las desapariciones eran una práctica de gobiernos que lindaban en el autoritarismo más burdo–, en el mismo acto, la propia Sedena anuncie el homenaje que se contraponía a la naturaleza misma del evento: “Con orgullo les expreso que el propio mandatario autorizó inscribir los nombres de militares fallecidos con motivo de los hechos del pasado en el monumento a los Caídos de las Fuerzas Armadas, como un tributo y un sentido homenaje a los soldados que cumplieron con su deber aun a costa de su vida”, palabras del secretario de la Defensa Nacional frente a las familias de quienes fueron víctimas del propio Ejército. Otro lugar común: no hay acto en la presente administración que no tenga aplausos garantizados, a pesar de lo que implica cualquier decisión, como lo demostraron los soldados que ocupaban las numerosas sillas en el evento.
Vaya paradoja: mientras el Gabinete de Seguridad se reúne casi religiosamente a las 6 de la mañana y la presencia de las Fuerzas Armadas en diferentes ámbitos de nuestro país y la sociedad es cada vez mayor, la inseguridad, la violencia y la presencia del crimen organizado también son cada vez mayores.
Quizá las reuniones más productivas sean cuando trazan una estrategia bien definida, organizada e implacable para obtener una victoria frente a sus rivales más importantes: Claro, ahora terminamos hablando de beisbol.
