Entre dietas y humorismo involuntario
Entre helicópteros y acusaciones, las grietas comienzan a ser más visibles
Mientras las oportunidades se escapan, el área “creativa” del actual gobierno seguramente se encuentra trabajando afanosamente en aprovechar todo aquello que le brinde un tema a la actual Presidenta para consolidar el estilo y la estrategia de comunicación cuyas bases se definieron desde el sexenio anterior. Como se dice popularmente, se sigue “el librito” y difícilmente se saldrán de este guion en el que se ha fundamentado la retórica de la mentira, de la opacidad, de las palabras y frases chabacanas que son necesarias para todo discurso populista. Sin embargo, se han terminado por imponer algunas diferencias con respecto al monólogo al que nos tenía acostumbradas y acostumbrados López Obrador.
Así, parece evidente que la atención, los micrófonos y los reflectores se han multiplicado y no es extraño encontrarnos con declaraciones de algún miembro del gabinete, de quienes lideran las cámaras del Poder Legislativo o de quienes no desperdician la ocasión para ganar tiempo en las pantallas y ser parte de alguna nota informativa. Y, justamente por este motivo, las muestras de incongruencia se hacen cada vez más patentes en un nuevo sexenio que apenas suma sus primeros meses. Día con día, quienes cavilan y operan las decisiones del gobierno han decidido mantener su dieta con base en el esperpento –rico en humor involuntario y su dulce condimento del absurdo–, mientras su apuesta por la manipulación de la realidad sea un discurso que funcione de manera óptima y determinando la agenda política de una nueva cortesilla política que defiende sus privilegios al costo que sea. Porque, aunque presuman que “no son iguales” a quienes gobernaron el país en otros tiempos, a veces se les escapan algunas revelaciones que nos permiten concluir que son más que similares.
Por ejemplo, bajo este contexto, no resulta nada extraño que diferentes personajes ocupen los encabezados noticiosos en busca del protagonismo que hace apenas unos cuantos meses les había sido negado. Todo ello se presta al análisis y la crítica puntual, así como ha sucedido durante esta última semana: en este sentido, no está de más detenernos en algunos ejemplos que, inclusive, han ameritado la intervención de quien encabeza el Ejecutivo.
En primera instancia, como resultado de una investigación de Latinus, se da a conocer el uso del Museo Nacional de Arte para una boda que, a pesar de la pantomima diplomática, involucró de manera directa a la actual secretaria del Medio Ambiente. ¿Cuál ha sido el resultado final de este episodio?, el apoyo y “espaldarazo” de la actual titular del Ejecutivo para quien aparece en las fotografías del cuestionable evento y que no había sido capaz de aceptar su error planteando, ahora, que su excolaborador “quebrantó su confianza”. Algo no termina por cuadrar en esta versión que parece no incomodar a la Presidenta de nuestro país, aunque en otros tiempos seguramente tendrían otra opinión ante algo similar.
Otros episodios más, que dejan mucho para el análisis y la suspicacia, son los dos más recientes nombramientos que subrayan la incongruencia del oficialismo que comienza a crear fracturas en su percepción inmaculada. Por un lado, la gobernadora Layda Sansores designa como secretario de Desarrollo Económico del gobierno de Campeche a un personaje vinculado en el caso Odebrecht y antiguo miembro del Partido Acción Nacional. Y, en otro anaquel del humorismo involuntario, se encuentra la designación del exgobernador de Chiapas, Rutilio Escandón, como cónsul de México en Miami, Florida, luego que dejara a su estado inmerso en una grave y delicada situación. Apenas dos nombramientos, de tantos más, en los que se pone en entredicho esa premisa de “no somos iguales”.
Y, ya que andamos por aquellas zonas, tampoco está de más traer a cuento las declaraciones de quien, hasta el viernes, era el titular de Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño –uno de los personajes más inexplicables del sexenio pasado–: llamarle al padre Solalinde “el pollero de Dios” y plantear que las diferentes organizaciones que brindan una ayuda a quienes han sido prácticamente expulsados de sus países o de nuestros propios estados, no hacen nada por solucionar el problema de la migración es más que un despropósito. Claro, como si esa fuera su obligación y no la del gobierno federal. Y que no se olvide lo que sucede entre los dirigentes del oficialismo en ambas cámaras: entre helicópteros y acusaciones, las grietas comienzan a ser más visibles.
Al parecer, la incongruencia comienza a ser más notoria gracias a esa urgente necesidad de sobresalir que tienen muchos y muchas de los personajes del oficialismo. Porque, además, la realidad, en sí misma, los coloca en ese lugar en donde la mentira termina por cobrar su propia relevancia e ilumina lo que hay detrás de la imagen que han querido imponer.
