En este lado del espejo
El PRI ha sido la mejor escuela para quienes hoy son parte de la cortesilla política.
Pocas son las preguntas que se han generado, a partir de lo ocurrido durante esta semana, entre los miembros de la Cámara de Senadores. Tampoco había lugar a muchas sorpresas al tratarse de los miembros de la cortesilla política que ha crecido bajo el manto protector del sistema de partidos y de la impunidad. En efecto, en dichos aspectos se concentran dos de los factores más nocivos para nuestro país que, bajo la misma ecuación, se constituyen como el máximo espectáculo de la ignominia y el cinismo; claro, algo perfectamente avalado y aplaudido por una sociedad que se ha acostumbrado a cualquier cosa que se comunique en las tribunas, en los micrófonos, en los templetes, mientras le resulte cómodo y el peso de la realidad apunte hacia otras direcciones.
En este sentido, no resulta nada extraño que un senador de la llamada “oposición” tuviera a bien brindar el espaldarazo para sacar adelante la aprobación de una reforma judicial impulsada por el oficialismo, que sólo satisface a quienes prefieren saltarse los renglones de la Constitución en la que se subraya la división de Poderes como sustancial en la definición de la República y que debería estar sostenida por un ejercicio democrático. Pero no importa nada cuando están en riesgo los intereses personales y el juicio que podría revelar los historiales de cada persona: al parecer, en el caso de los Yunes –padre e hijo, lo cual ya sería elemento suficiente para cuestionar a la dirigencia del PAN– no observamos algo diferente a lo que estamos más que acostumbradas y acostumbrados, pues se termina por imponer ese turbio proceder de la política mexicana, tan decantada por el priismo más exacerbado puesto en práctica por el oficialismo en turno.
Así, lo que pudimos atestiguar es ese pragmatismo que ha caracterizado al actual partido que ha asentado sus raíces en el ejercicio del poder omnímodo y unívoco, cuyo eje gravitacional es el presidencialismo más acendrado. Son el claro ejemplo de cómo se capitalizan todas las grietas e incongruencias que existen en los partidos políticos, en las organizaciones y en aquello que les signifique la consolidación de su mayoría, de mantener su famosa “popularidad” y le permita eliminar todo contrapeso que amenace sus intereses.
De esta manera han consolidado su dominio: luego de aprovechar con precisión y buen cálculo la estructura que les heredó el priismo y sus viejas costumbres, han logrado valerse de un sistema de partidos que vive uno de sus momentos más críticos e hilarantes. Tal vez ni los propios miembros del PAN sepan, a ciencia cierta, qué sucedió después de aquellos sexenios en los que todo era bravuconería y engolosinamiento, dejando muchas facturas pendientes con la democracia. Poco se puede agregar del PRD, que hoy es un buen recuerdo de aquellas primeras batallas por la democracia a finales de los ochenta y que fue la incubadora del actual partido totémico. También sabemos que el PRI ha sido la mejor escuela para quienes hoy son parte de la cortesilla política que apuesta por la impunidad y la riqueza personal. Y, por cierto, de Movimiento Ciudadano apenas recordamos un par de nombres para contemplar la inmensidad del vacío. Por ello, esperar un resultado diferente sí se hubiera observado como una sorpresa de incalculable valor pues, quizá, implicaría una reorientación en la percepción de la oposición. Sin embargo, basta con mirar lo que ha sucedido en los congresos estatales para corroborar cómo se juegan los intereses.
Finalmente, lo que sí resultó congruente hasta la médula, es la consolidación de la política de la mentira y el cinismo como mecanismo de poder durante este sexenio. ¿Qué sucedió entre el presidente del Senado y el coordinador de la bancada oficialista en plena discusión acerca de la Reforma Judicial? La configuración y el juego de una mentira al referirse a la ausencia del senador Daniel Barreda –en efecto, eso que fue motivo de burla y risas plenas en el momento de la votación–. Sí, cuentos chinos para incendiar el aire turbio que comenzaba a reinar en el ambiente. De esta forma terminaron por imponerse, en ambos casos, las mejores prácticas de la política mexicana: pesa más su propio historial que la futura historia de la nación, ante la mirada complaciente de quienes han apostado y apoyado la opacidad que caracteriza y seguirá definiendo a este gobierno. La transparencia parece causarles urticaria existencial, por algo será –a fin de cuentas, en ciertos casos, la información reservada ha salvaguardado la seguridad nacional: el deporte de la doble moral en el pleno.
Y, por cierto, refiriéndonos a realidades alternas y a la congruencia, sólo una pregunta: ¿quiénes exageran los hechos de todo aquello que sucede en Sinaloa? Claro, los medios de comunicación. Que la realidad y sus locuras sigan su camino, pues en este lado del espejo todo es felicidad según los otros datos.
