En eso radica el problema
Hay palabras que podrían quedarse grabadas en todas y cada una de las paredes de la memoria, bajo los subrayados de la perplejidad y el enojo que provoca el cinismo y la degradación. No es suficiente con escucharlas y clasificarlas para ubicarles en el anaquel de las ...
Hay palabras que podrían quedarse grabadas en todas y cada una de las paredes de la memoria, bajo los subrayados de la perplejidad y el enojo que provoca el cinismo y la degradación. No es suficiente con escucharlas y clasificarlas para ubicarles en el anaquel de las simples ocurrencias, considerarlas como anécdotas que no tienen la menor importancia ni trascendencia. Quizá en esto último radica su existencia, pues se apuesta al olvido y a la eficacia de un aparato propagandístico que aceitará su maquinaria para que esas palabras de disuelvan en medio del fanatismo y la indolencia.
Basta un simple ejercicio de la memoria para darnos cuenta que, así como suelen recordarse los grandes discursos, también se conservan aquellas otras palabras que son la manifestación de la descomposición social, política y educativa que puede existir en un país. Y, en este sentido, plantear que ese discurso pernicioso es normal y habitual, es como determinar que ya estamos acostumbradas y acostumbrados al cinismo de quien revela su naturaleza en cada una de sus letras. Lo cual, sin duda, no lo podemos olvidar.
Así, para el infortunio de quien suele protagonizar estas escenas —cuya descripción va del humor involuntario a la ignominia—, hoy se cuentan con recursos tecnológicos que nos permiten sostener con mayor resistencia los frágiles anaqueles de la memoria: gracias a que en un simple dispositivo se puede acceder a videos, audios e imágenes, nadie podría considerar que sus palabras se disolverán en una suerte de amnesia gracias al paso del tiempo. En efecto, si bien hace pocos años la memoria dependía mucho más del trabajo de quienes desarrollaban crónicas precisas en su trabajo periodístico, las nuevas tecnologías han brindado una dimensión aún más afilada en el ejercicio de ese oficio y profesión. Pero, al mismo tiempo, la tecnología se convirtió en posibilidad de contrarrestar el olvido. En efecto, ese olvido que, estratégicamente, ha sido la gran apuesta de la clase política mexicana.
No es extraño que muchos de los ejemplos que podrían ilustrar cada una de estas líneas sean protagonizados por los fastuosos miembros del poder político. Si bien, a lo largo de nuestra historia contemporánea hemos escuchado frases y discursos de triste memoria, lo que sucede actualmente se encuentra en el límite de lo racional y se ha convertido en la puerta de la barbarie que se combate con “abrazos”. A pesar de que no hay día en el que escuchemos más de un despropósito, hay pronunciamientos que no deberían ser considerados como una simple ocurrencia. Por ejemplo, ¿recuerdan aquello de que la pandemia llegó como “anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación” o la presidenta municipal de Acapulco al tratar explicar que, entre los factores que provocan la violencia que se sufría en el puerto, se encuentran “la calor” y “si comen más carbohidratos”? La lista de ejemplos que podríamos desarrollar, durante el presente sexenio, puede ser tan grande como el tamaño del cinismo de sus adalides.
Sin embargo, insisto, hay algunas otras que pueden subrayarse y grabarse con el fuego de lo vergonzoso, porque son aquellas que se clavan como aguijones en medio del dolor y la desgracia. Que no se olviden las palabras del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, que al ser cuestionado acerca de las más de 50 personas que fueron secuestradas durante la mañana del viernes en Culiacán, tuvo a bien decirle a la población que “no tengan miedo. Son cosas que lamentablemente ocurren, que hay autoridad”. Sí, con esa delicadeza, asertividad y “humanismo” que se ha convertido en el estilo de la Cuarta Transformación.
Y, si faltara otro ejemplo, que llegue a nuestra mesa el de Cuitláhuac García, gobernador de Veracruz, quien, ante la violencia y la barbarie que reina en su estado, plantea el reduccionismo que tanto le ha funcionado a este gobierno para resignificar sus fracasos: “Aunque a nuestros adversarios neoliberales y conservadores, les revuelva el estómago del coraje, en Veracruz, se demostró que la estrategia de abrazos, no balazos, funciona…”. Pero, ¿qué funciona?
Y esto sin mencionar al corifeo de sicofantes oficialistas que no sólo atacó y denigró a Cecilia Flores, sino que descalificó el trabajo de las nombradas Madres buscadoras que, por cierto, no han sido escuchadas.
Claro, en esto radica el problema, creer que son simples palabras y ocurrencias de quienes actúan desde el poder, sin observar que son apenas ejemplos de lo que define el presente de nuestro país en la inseguridad, la desgracia y la muerte que sólo vale una lámina de estadísticas. Y, claro, quizá sea la muestra del cinismo que imperará en el futuro y mantener su costo será muy elevado —en todos los sentidos—. No sólo es una retórica perniciosa, son avisos del espejismo que se sigue construyendo bajo la sombra de la perversidad.
