Discurso erosionado

La detención de El MayoZambada y Joaquín Guzmán ha dejado en claro que las autoridades de EU decidieron dejar fuera de la ecuación a los responsables de la seguridad de nuestro país.

Durante los últimos días las fronteras de nuestro país nos han brindado dos caras de una moneda que ha perdido su valor con el paso del tiempo. Una pieza desgastada que se acuñó con esa aleación tan practicada por la alquimia de la política, entre las promesas incumplidas y las falsedades que se convirtieron en el mejor capital retórico del actual sexenio, un tesoro de fórmulas verbales y lugares comunes que no dejan de ser funcionales para toda ocasión.

Así, gracias a dos noticias –que no dejan de señalar su mismo origen–, cerramos la semana mirando hacia el norte y hacia el sur, con la perplejidad de todo lo que sucede dentro de nuestro territorio nacional. Dos hechos que son una suerte de epítome para un sexenio en el que, desde el inicio, se proclamó una frase que definiría su propio descalabro en este aspecto: “abrazos, no balazos”. Aunque los exégetas de la Palabra presidencial han intentado, hasta lo caricaturesco, justificar cada una de sus letras, la violencia en el país se ha convertido en el parámetro de su obcecación. Dos rostros de esa moneda que sólo ha valido para fines propagandísticos y electorales.

En la frontera sur se reporta un hecho que se ha calificado como inaudito: personas que huyen de sus respectivos hogares en el estado de Chiapas, buscando refugio y protección en poblaciones de Guatemala. La violencia que ha imperado durante los últimos años en ese estado, a consecuencia de la disputa territorial que protagonizan los cárteles del crimen organizado –Cártel de Sinaloa y Cártel Jalisco Nueva Generación–, ha orillado a que muchas familias decidan abandonar sus lugares de origen, sus bienes, su historia, su respectivo mundo, para convertirse en desplazados y refugiados. No es relevante recurrir a la estadística y discutir si son 300 u 800 personas las que han llegado a Cuilo, población guatemalteca que las ha recibido y les brinda los recursos necesarios para su subsistencia, porque la tragedia es lo que ha marcado la vida de miles de personas que también han huido a otros municipios de esa misma demarcación o del país. Ante ello, la respuesta presidencial se ha limitado a señalar que “son circunstancias, México es un país muy grande, somos más de 130 millones de mexicanos, hay, como en todas partes, conflictos…”, como lo dijo en su abierta defensa de su estrategia de seguridad. Un problema más, así de sencillo. Pero los hechos, en sí mismos, no necesitan ser puestos en la balanza ante las formulaciones retóricas habituales. No se pierda de vista que, para esta cuestión, sí existió una respuesta “firme” por parte del Ejecutivo.

Ahora bien, ubiquemos la segunda cara de la moneda en otras latitudes del mapa. En la frontera norte se presentó un torbellino que no se calculaba: una vez más, el llamado factor sorpresa ha demostrado su efectividad cuando se trata de llevar a cabo un golpe certero y efectivo en el mundo de la política. Al parecer, nadie en el gobierno federal se esperaba un final de sexenio en el que se pondría en entredicho, de forma contundente, su estrategia de seguridad y, además, su capacidad discursiva para responder a una de las acciones más efectivas por parte de las instituciones de justicia de nuestro vecino del norte. Así, la detención de Ismael El Mayo Zambada y Joaquín Guzmán López –un golpe directo al Cártel de Sinaloa– ha dejado en claro que las autoridades norteamericanas decidieron dejar fuera de la ecuación a los responsables de la seguridad de nuestro país. ¿Cuál será la razón por la que se tomó esta determinación? Pueden existir muchas conjeturas y respuestas que podrían envolverse en el patrioterismo más simplón reclamando la soberanía nacional; pero los hechos indican que, por alguna razón, ganó la duda sobre la cooperación binacional. Esta cuestión provocó una reacción lenta, tardía y confusa por parte del gobierno mexicano que, aun horas después, se limitaba a plantear que no estaba muy claro cómo se había desarrollado esta acción: “Hay que esperar a ver si la captura fue allá (en Estados Unidos) o acá…”. En efecto, confusión y silencio como respuesta, en contraste con aquellas palabras con respecto al infierno que se padece en la zona fronteriza del estado de Chiapas. Y las épocas electorales estadounidenses son un motor que activa estas decisiones.

Así, la moneda sigue en el aire. Una moneda que nos muestra los dos rostros de una estrategia de seguridad que sigue en el aire a pesar de la creciente militarización de la seguridad pública por la que este gobierno ha apostado desde un principio. Ya escucharemos el sonido de esa moneda cuando llegue a sus momentos finales, aunque, al parecer, estará lejos de ser una melodía que cante las victorias con un discurso que, al menos durante estos días, se erosionó en un santiamén. ¿Habrá nuevas sorpresas?

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