Descontar el día
Mientras Adán Augusto López Hernández, titular de Gobernación, construye una narrativay retórica propias de quien está enfocado en cumplir con su trabajo, con la afabilidady contundencia de un secretario que está muy por encima de la reyerta de las precampañas,cabe preguntarse ¿qué sucede con la inseguridad reinante en nuestro país?
Quienes plantean que la carrera por la candidatura presidencial apenas ha dado inicio en el partido oficial, tal vez no se hayan percatado de que el actual gobierno, en realidad, ha mantenido su campaña política desde hace casi 20 años. De hecho, los casi cuatro años del actual han servido para afianzar un discurso que le permitirá al ungido o la ungida por el flamígero dedo presidencial llegar con un nivel de popularidad que se alimentará gracias a las diferentes vertientes que, poco a poco, se consolida entre el electorado.
Así, todo parece indicar que únicamente serán tres quienes permanezcan a la vera del inquilino de Palacio Nacional a la espera de ser quien garantice la continuidad del proyecto de gobierno de la Cuarta Transformación. Lo que sea que esto signifique. Entre Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López podría hallarse quien vista el nuevo traje del emperador y brindar aquello que ha sido la especialidad del actual gobierno: la opacidad, la mentira, el clientelismo, el padrinazgo del charrismo sindical, el prometedor nepotismo, el campeón de los eufemismos de la corrupción y hacer con la ley lo que bien le venga en gana.
Lo sé, he descrito en un plumazo a las presidencias desde 1910; sólo puntualizo lo que este gobierno prometió cambiar y que lo ha llevado a convertirse en una caricatura de sí mismo. Ah, sin olvidar el principal condimento de estos platillos fríos: los aplausos de mitin que, puntuales y con altos decimales, no dejan de hablar de la belleza del traje que porta el actual mandatario.
Parece que los tiempos de las precampañas se adelantaron. Sin embargo, lo único que ha cambiado es la atención que los medios les han dedicado a estos tres personajes. Hace algunos meses, las palabras y cada uno de sus movimientos estaban más supeditados a lo que se dictaba desde Palacio Nacional, permanecían a la sombra de la única imagen poderosa y sin igual dentro del partido oficial que los podía arropar ante sus propias carencias y problemáticas. Tal vez quien menos había sido edulcorado por los reflectores y los amplificadores del micrófono es Adán Augusto López; sin embargo, dentro del gabinete federal, ningún puesto puede garantizar su proyección como la Secretaría de Gobernación.
Cada uno de los medios de comunicación se han convertidos en los más fieles promotores de esta carrera que, cabe decirlo, tiene momentos de humorismo involuntario; si no se tratara de funcionarios que tienen un papel y responsabilidades propios de sus cargos, sería un esperpento cómico.
Por ejemplo, ¿alguien podría dudar de la importante dirección que implican los movimientos de los hilos desde el Palacio Nacional para que el caso de la Línea 12 se pierda entre la humareda que levantan día con día? Al fin y al cabo, la jefa de Gobierno ha seguido al pie de la letra el molde de la victimización y la creación de conspiraciones universales que atentan en contra de su meteórico recorrido como precandidata a la Presidencia. No importa fincar responsabilidades ante la tragedia que provocó la muerte de 26 personas y decenas de heridos, todo se debe reducir a que el resultado del informe realizado por DNV sólo obedece a la interacción de las oscuras fuerzas que conspiran en contra de su gobierno en la ciudad y, por supuesto, a su propia imagen.
Si nos detenemos un poco, también resulta paradójico observar cómo se desenvuelven dichos personajes en sus ámbitos: mientras Adán Augusto construye una narrativa y retórica propias de quien está enfocado en cumplir con su trabajo, con la afabilidad y contundencia de un secretario que está muy por encima de la reyerta de las precampañas, cabe preguntarse ¿qué sucede con la inseguridad reinante en el país? Por otro lado, el gran éxito de Marcelo Ebrard se ha concentrado en resolver, de manera decorosa, los despropósitos y ocurrencias de su jefe –quien permanece envuelto en un trasnochado sueño de república bolivariana. Y, finalmente, la jefa de Gobierno parece incapaz de negarse a aceptar alguna invitación que le permita fortalecer su precampaña: lo gracioso es que, en aras de una pretendida responsabilidad, escribe un tuit en el que solicita “descuento del día” para dejar, una vez más, a la ciudad encargada a sus subalternos mientras ella acompaña al candidato Salomón Jara en una actividad con miras a las elecciones del estado de Oaxaca.
¿Y si se les descontaran no los días, sino los votos al partido que representa? Ah, pero resulta que la oposición anda pensando en tuits y en su próximo descanso veraniego. No cabe duda que hay una realidad alterna para el mundo de la política en nuestro país.
