Construcción de personajes

Benditos momentos en los que cada rincón de la capital se convierta en un inopinado escaparate en el que se proyectará todo tipo de publicidad, hashtags y fotografías de inobjetable perfección que nos hablan de personas a quienes, al parecer, les tendríamos que agradecer, insisto, la sucesión de los días.

Decir que inicia la temporada en la que se erigen las figuras de personajes a quienes, al parecer, casi se les debe agradecer el transcurrir de los días, es un despropósito. Una de las principales estrategias de la actual administración ha sido la conformación de un personaje hecho a la medida del paternalismo y populismo al que está muy acostumbrada la sociedad mexicana –vaya herencia del priismo del siglo XX, en la que toda figura presidencial se proyectaba como el punto más alto en la cúspide y caprichos del poder–. Todos los recursos y alcances del gobierno estaban proyectados para decantar la imagen de quien sostenía ese báculo imaginario que, el día de hoy, se ha materializado como un símbolo de la continuidad que se promete.

Actualmente, toda campaña política que se desarrolle bajo el manto del oficialismo, consistirá en seguir los pasos de quienes han trazado el camino y que, por cierto, han superado a sus maestros. Tampoco sería extraño que en las filas de la oposición sigan el mismo derrotero, aunque si de algo ha carecido este bloque es de personalidades que logren captar la atención de manera tan contundente y logren competirle al aparato propagandístico en el que se ha convertido el gobierno federal.

Nadie puede pasar por alto el esfuerzo que ha implicado sostener y proyectar a la futura candidata del oficialismo que ha estado en campaña desde hace más de dos años: ya sin cuervos en el alambre, la mejor “agencia publicitaria” concentrará todos sus recursos en presentarnos a una exgobernadora de la Ciudad de México, una exalcadesa de Tlalpan y, claro, una mujer de ciencia como no ha existido otra en este país. Y, para muestra, el discurso que los corifeos del oficialismo nos refieren y no se cansan de pregonar consiste en alabar su administración como jefa de Gobierno que, en realidad, tuvo sus puntos más notorios en momentos que han sido más controvertidos y críticos, muy lejanos a los aplausos irredentos que nos muestran sistemáticamente.

Ahora es el turno de que la Ciudad de México también se sume a esta competencia por crear personajes extraordinarios, servidores públicos abnegados que han ofrecido su propia vida por “los demás”, visionarios, comprometidos, utópicos, simpáticos, fraternos, sin mácula de corrupción, cercanos al pueblo bueno y mucho, mucho más. Benditos momentos en los que cada rincón de la capital se convierta en un inopinado escaparate en el que se proyectará todo tipo de publicidad, hashtags y fotografías de inobjetable perfección que nos hablan de personas a quienes, al parecer, les tendríamos que agradecer, insisto, la sucesión de los días.

En plena competencia por ser quien encabece los “comités de defensa de la Cuarta Transformación” –por cierto, un eufemismo que aún no se ha podido explicar con claridad–, los candidatos y candidatas se ceñirán a la estrategia que ha dado muy buenos resultados al gobierno federal y a su partido oficialista: desarrollar una campaña permanente en la que proyecten su imagen y sus “logros” que, a fin de cuentas, también será una continua promoción de su propio partido.

Así, la narrativa que tratará de consolidar la imagen de Omar García Harfuch, Carla Brugada y Hugo López-Gatell, en la que se presentarán como los únicos e intachables funcionarios que podrán continuar con el trabajo de Claudia Sheinbaum en la Ciudad de México serán los puntos de referencia en un mapa que se tornará de color guinda. En tanto, la oposición sólo contempla y observa con toda la parsimonia de quienes toman un café mientras observan la tormenta que inundará las calles de la ciudad. Tal vez vivan convencidos que los resultados de las pasadas elecciones serán una garantía para el futuro de sus promesas. Sin embargo, el trabajo en sus alcaldías se levanta más como un obstáculo que como una herramienta para sus aspiraciones.

Una vez más, estamos frente a una batalla discursiva muy singular: se compite por crear un personaje que sea capaz de relucir sobre el pedestal de mentiras en el que se ha erigido su imagen. Porque quienes habitamos esta ciudad sabemos que se necesita mucho más que obras vistosas y discursos simplones para acabar con la corrupción y el crimen organizado que impera en las calles de esta capital. Ya dependerá de la ciudadanía si continúa aplaudiendo los espejismos, la impunidad que parecen gozar los servidores públicos y, sobre todo, las mentiras que se convierten en sonrisas transformadoras. O tal vez, sólo busquen la impunidad que garantiza el fuero.

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