Asuntos de la memoria
Hay una oposición que pretende ser una opción viable, pero no ha terminado por ser tan convincente frente al escepticismo que despiertan las banderas políticas que la conforman.
El que no esté seguro de su memoria
debe abstenerse de mentir.
Michel de Montaigne
Han dado inicio, de manera formal y legal, las campañas electorales con miras hacia los próximos comicios. Sería un error concluir, como bien lo pueden señalar quienes optan por el abstencionismo, que se trata de unas elecciones más o que, en realidad, nada cambiará ante los eminentes cambios. Y, en cierto sentido, será difícil invitarles a que su opinión sea diferente: en estos pocos días la clase política se ha encargado de brindarles más de una razón y numerosos ejemplos para mantener su incredulidad y escepticismo ante el proceso democrático que ha sido tan difícil construir y, sobre todo, mantener en pie frente los embates que pretenden desestabilizarlo.
Sería muy extraño escuchar a quien afirmara que llegó el tan “esperado momento” en el que inician las campañas electorales. Claro, si entendemos que el actual inquilino del Palacio Nacional lleva más de dos décadas ejecutando su mejor papel en una suerte de campaña permanente que se ha consolidado durante los últimos años –gracias a los recursos del Estado que están a su completa disposición–. A nadie sorprende que el fundamento de las “nuevas” cien propuestas lanzadas por la candidata oficial, Claudia Sheinbaum, sigan la misma lógica y estructura que los compromisos planteados por López Obrador hace algunos años e, inclusive, no dejen un asomo de duda en la apreciación: su mayor capital político es usar como bandera la imagen presidencial y la propaganda oficial que el actual gobierno se ha encargado de consolidar. Es obvio que se hablará de los éxitos y las promesas cumplidas como fastuosas obras del vacío; pero se mirará hacia otro lado cuando se pongan en la mesa aspectos que han lacerado a nuestra sociedad: –el fracaso ante la inseguridad, la opacidad que oculta la corrupción bajo las etiquetas de la “Seguridad Nacional”, la violencia y la cantidad de homicidios que nublan el horizonte del futuro, el sistema de salud y las sospechas de la injerencia del crimen organizado en las estructuras del gobierno que, por ejemplo, son apenas unos botones de muestra de la caricatura mediática y retórica que se ha desarrollado con respecto a estos temas. No hay estadística que borre o logre atenuar lo que se vive en las calles cotidianamente. Sólo el populismo y el presidencialismo más acendrados sostendrán una campaña que promete continuar ensalzando una realidad que sólo convence a su feligresía y a quienes ocupan las entrelíneas del poderoso caballero de Quevedo. Y eso no puede olvidarse en los próximos meses.
Y, por otro lado, se observa una oposición que pretende consolidarse como una opción viable; sin embargo, al no lograr desmarcarse de su propia historia –en la que ha dejado claroscuros en su ejercicio del poder–, no ha terminado por ser tan convincente frente al escepticismo que despiertan las banderas políticas que hoy conforman la coalición Fuerza y Corazón por México. Si antes se decía que se apostaba por cierta amnesia política y que la sociedad terminaría por dejar en el estante del olvido las faltas y omisiones, los errores y el cinismo de quienes, en su momento, ostentaron los cargos más importantes en la administración pública, hoy no se puede desestimar la importancia de los recursos informativos con los que se cuenta: no falta quien recuerde algo que sea otro eslabón en el lastre del pasado que se cifra en la llamada oposición. Si su apuesta se concentra en ser quienes amalgamen el descontento y la inconformidad ante el actual gobierno, se quedarán cortos en sus alcances. Tal vez, en sus llamados “cuartos de guerra”, no han dejado de lado que la caricaturización de sus figuras es, entre la sociedad, uno de sus principales puntos débiles. Claro, la memoria también tiene una suerte de humor negro que corroe su presente.
Y, finalmente, la famosa tercera opción que, lejos de observarse como una alternativa –una oposición clara frente a los alcances electorales del gobierno–, se ha observado como simple espectáculo mediático que pretende revestirse de novedad. Quizá haya rostros jóvenes y nombres que apenas aparecen en el panorama y que son la bandera de lo nuevo; no obstante, en su misma historia se pueden observar los hilos que se desprenden del entramado que han mantenido con el actual gobierno y los poderes fácticos de cada región. Son el guiño de ese anquilosado tiempo pasado que adquiere una dimensión fosforescente y llena de parafernalia.
En efecto, estamos ante un proceso electoral que también implicará un reto para nuestra memoria y el peso que le damos a la historia de cada opción. Sin embargo, el verdadero peso específico se encuentra en la complejidad del presente y la visión del futuro que queremos para nuestro país. Esa decisión la tenemos en nuestras manos. Invitemos al voto y consolidemos mecanismos para la oportuna y transparente rendición de cuentas. Aprendamos de la historia y de las mentiras.
