En 2008 y en 2009 la tecnología, en realidad la conjunción de la ciencia con la tecnología o bien, en otras palabras, con el dopaje tecnológico, se rompieron 159 récord mundiales en pileta larga y corta. La tecnología superó y opacó la capacidad físico-técnica del nadador. La protesta enérgica de los entrenadores —ya en enero de 2008 Ian Thorpe había expresado la necesidad de prohibir los trajes de poliuretano— obligó a la FINA, convertida en un próspero mercado en alianza con los fabricantes de trajes, creado con el fresco y agradable rocío de cientos de millones de dólares por el uruguayo Silvio Maglione y el astuto exwaterpolista Cornel Mărculescu, a frenar la trayectoria meteórica y artificial del proceso evolutivo acuático. Los trajes se fabricaron para eliminar la fricción del agua, ayudar en la flotación y reducir el volumen corporal. Los nadadores requerían aproximadamente 20 minutos para ponérselos, con la ayuda de otra persona. Corrió la versión de que la italiana Federica Pellegrini empleó dos para romper el muro de los cuatro minutos en 400 m libres. Apretaban tanto que eran como la túnica que el centauro Neso regaló a Hércules: el cuerpo ardía. Con esos trajes de poliuretano, neopreno, el LZR Racer o X-Glide de Arena se cometieron despojos. Decenas de nadadores desconocidos disfrutaron de efímera gloria, pasaron a la historia sin dejar rastro. Sin ética, la FINA prohibió los trajes, pero dejó los RMs por los compromisos comerciales con los fabricantes. Acaso el más afectado sea el australiano Ian Thorpe: su RM de 400 m nado libre que debiera ser el legítimo, 3´40”08 en Manchester el 30-07-2002, fue mejorado en 1/100”, con traje de poliuretano, por el alemán Paul Biedermann en el Mundial de Roma, 26-07-2009. (Difícil episodio de readaptación cuando aquellos adultos que dedicaron infancia y juventud a la natación levantan el rostro de la superficie del agua y perciben que, en la sociedad que los recibe, no hay reglas ni respeto ni los valores que se les inculcaron.) El mundo volvió a girar a la velocidad normal. Nada tan llamativo, asombroso y admirable como la persecución, esfuerzo ingente, disciplina, constancia, obsesiva perseverancia por romper los míticos muros; por el placer de luchar. Impacta que un Vladimir Sálnikov nade con la rapidez de 15 Johnny Weissmüller relevándose cada 100 m. En el siglo XX se observó cómo millares de bracistas lucharon por acercarse a la mítica frontera del minuto. A la fecha asombra la hazaña del ruso Roman Sloudnov cuando en Fukuoka, 29 de julio de 2001, rompió el minuto en los 100 m braza en ¡59”97”. Y más aún que el inglés Adam Ramsay-Peaty haya cruzado los 57” a los 24 años, y estampar el RM en 56”88 en el CM de Gwanju, 21-07-2019. Tal vez sean necesarias unas líneas más en un intento por transmitir el proceso evolutivo que se presencia en la natación en crawl y braza.
