Todo es distinto y, aunque muchas cosas se pierden, ¡todo se transforma! Durante décadas, el crack se distingue, como ahora, por desequilibrar el marcador; la aparición de un lobo, tigre o fantasma, aterrador, en el área con olfato de gol en cuerpo y alma, y un veneno letal en los botines y en la cabeza. En la lejanía del tiempo flota la magia de los estruendosos cañonazos del magyar Ferenc Puskás y del argentino Alfredo Di Stéfano que recogimos en las ondas de la radio en los triunfos del Real Madrid. En el recuerdo el eco vibra como algo extraordinario, inmenso. Cómo asombra el récord mundial vigente de los 13 goles de Just Fontaine. Con la aparición de Pelé, de 17 años, en el Mundial del 58, la fascinante victoria de los juglares amazónicos sobre Suecia, giran y giran inútiles y volcánicas comparaciones, con el legendario Johan Cruyff, que tan profunda huella dejara en el Barcelona y en la transformación del futbol mundial; Maradona, Cristiano Ronaldo, Messi, acerca de quién es el mejor. Estéril discusión. Cada uno en su tiempo brilla con luz cenital. La comparación es el aliento vital pintado con los colores más hermosos en el deporte. Las generaciones actuales se encandilan con el presente. No puede ser de otra manera. Hace medio siglo, acaso, no se concebía al crack con la rapidez con la que se ha visto en los prolegómenos del Mundial. Alemania triscó en el césped con la energía y belleza de una cabalgata bélica, wagneriana. ¡Qué rapidez! Y en los últimos juegos en el ocaso, Messi deslumbra con su hat-trick ante Argelia y el inglés Harry Kane, de otra dimensión, no tan mitológica, pero con un punto en común con Messi, le encaja dos impactos secos a la Croacia de los centrocampistas Modric y Perisic. Magia en el Dallas Stadium; como una carambola de tres bandas con precisión y belleza geométrica: del botín de Perisic el balón traza una parábola hacia la cabeza de Pasalic y éste, como si tuviera ojos en la nuca, corriendo la peina hacia atrás en acción de lo más inesperada, los defensores que lo siguen dejan espacio abierto, Petar Musa empata con un balazo. Las acrobacias, reflejos y suerte del arquero Dominik Livakovic nos hicieron recordar a Ita en el estadio de CU. Las imágenes indelebles de Masopust y Pelé… en el 4-3 del Uda Dukla, de Praga, al inolvidable Santos, entonces la mejor oncena del planeta. En el Inglaterra 4-2 Croacia, impera la rapidez y la resistencia estructuradas en la preparación física, amalgamadas con la técnica, el conocimiento de la estrategia y la madurez agonal, representan, acaso, el signo emblemático, transformador del futbol actual. La rapidez de Jude Bellingham, un meteoro por la banda derecha, anota el tercero y Marcus Rashford sentencia con el cuarto disparo. Coincidencia en Messi y Kane: juegan con la alegría del niño que viaja en el carrusel de los caballos de una feria. Aman la pelota y ésta es una enamorada de ellos. Son cracks que juegan en las dos áreas con doble función de defender y atacar. Kane incluso salva un gol muy cerca de la línea resguardada por Pickford.
