Un récord engendra el sueño de otro récord; acaso a semejanza de la mítica imagen del Ave Fénix, que muere en un espectáculo de llamas y combustión y resurge de sus cenizas, cada 500 años; un ciclo repetitivo, en lo referente al campo agonal, de lucha, desafío, superación. Sueño o ideal, leit motiv, incluso sentido, en una etapa de vida. Un objetivo atractivo, seductor, un imán o una luz que atrapa los ojos y la voluntad de esfuerzo de la mayoría. Para éstos, una lejana ilusión; para un puñado, la perspectiva de superarlo. El récord significa calidad y su obtención puede asociarse, aunque no siempre, a las medallas, pero éstas no representan necesariamente clase. Hay que jerarquizarlas: si son de carácter social, político, comercial, lúdico, de estímulo, como estrellita dorada en la frente del niño o agonales en el más alto nivel. Existe diferencia abismal entre Centroamericanos, Panamericanos y Juegos Olímpicos. La vitrina de los JO proyecta una pluralidad de significados. El número de metales se ha elevado por la decisión y aprobación del COI de incorporar nuevas disciplinas y pruebas y mayor número de participantes. Las sociedades necesitan héroes que inspiren o sirvan de levadura espiritual para sus pueblos. Paradigma a seguir. El hombre es imitador. Lo decía Hesíodo: el artista imita al artista, el alfarero al alfarero… y la imitación se da a diario en todas las actividades del hombre. Esa chispa enciende mente y corazón, empuja a la competencia, a la comparación que es el hermoso arcoíris de la vida agonal. Una valoración acerca de las perspectivas de México en los JO de Los Angeles 2028 sería más aproximada si se hiciese con el comparativo de los JP de Lima y Callao, Perú, 2027. El récord está a la vista de todos, actores, especialistas, neófitos; flota como una nube de color de rosa en el horizonte o se estrella y hace espuma como ola en el acantilado. Tal vez a más de algún lector le sorprenda un aspecto de la crudeza de los deportes de marcas. Todos, incluso los protagonistas de deportes de apreciación lo perciben desde otro ángulo. Pulse este enfoque: Celia Pulido, ganadora de ocho medallas de oro en los JO de Santo Domingo, señaló 55”50 en los 100 m nado libre. Yuritzi Salgado, de la selección de México, triunfó en los 1,500 m nado libre en 17’01”44/100; Paulo Strenhlke, mexicano, conquistó el oro en 15’03”37, en 1,500m. Entendamos: es el reflejo de un ingente esfuerzo, admirable, noble, ay! impopular sin pizca comercial, porque las épocas han cambiado y con ellos el periodismo deportivo al igual que la sociedad. Al grano. El comparativo real de la natación mexicana: en 1976, Kornelia Ender, de la RDA, hace un crono de 55”65 en los 100 m libres en Montreal 1976. La australiana Shane Gould nada los 1,500 m libre, 12-12-1971, en Sidney, en 17’00”6; y Brian Goodell, EU, en aquella espectacular lucha contra su compatriota Bobby Hackett y el Microbio australiano Stephen Holland, señaló, el 21-07-76, en la pileta de Montreal, 15’02”40. Lo que significa en el universo acuático nacional un atraso al RM de medio siglo.
