Morena es un estado de ánimo
José Woldenberg planteó: “Vivimos una época peculiar en la cual el personalismo y el pragmatismo han venido sustituyendo a las ideologías y a las identidades. Parecería que hoy la corriente fundamental es la del oportunismo”. La frase enmarca la crisis general que viven los partidos y, en particular, la succión que Morena ha hecho de buena parte de lo que era el PRI.
Por una #SociedadHorizontal
El pragmatismo pedestre define el contexto político que hoy vivimos. Para muestra, basta un botón. Pese a los malos resultados de las últimas elecciones, en las que el Partido Revolucionario Institucional ha perdido 11 gubernaturas y 19 competencias electorales, Alejandro Moreno ha decidido no renunciar. En reunión sostenida con expresidentes de ese instituto político, quienes le sugirieron hacerlo “por el bien de ese instituto político”, dio un tajante “no me voy”.
Este episodio es parte de algo mucho más amplio. En una mesa de discusión reciente, José Woldenberg planteó: “Vivimos una época peculiar en la cual el personalismo y el pragmatismo han venido sustituyendo a las ideologías y a las identidades. Parecería que hoy la corriente fundamental es la del oportunismo”. La frase enmarca la crisis general que viven los partidos y, en particular, la succión que Morena ha hecho de buena parte de lo que era el PRI.
La cargada partidista es una expresión ramplona de un problema mayor. La erosión de ideologías e identidades partidistas ha convertido a los institutos políticos en simples vehículos que transportan las emociones de la población. Eso es Morena, más que un partido político, un estado de ánimo. Carece de un proyecto claro y definido para resolver los grandes problemas nacionales. Sirva esta reflexión para entender la necesidad de nuevas dinámicas que impulsen la participación social —consciente y propositiva— para encontrar soluciones a los grandes problemas nacionales.
En su libro No es normal, Viridiana Ríos se enfoca en la desigualdad mexicana; describe una serie de condiciones estructurales que la alimentan y plantea rutas para cambiar la situación imperante. La falta de competencia de mercado en beneficio de unos cuantos empresarios; la falta de organización del trabajador que provoca que su salario no sea acorde a su productividad; la recolección desigual de impuestos que genera un Estado débil y la prevalencia de un gobierno organizado para atender mejor a los que más tienen, exhiben con evidencia empírica y contundencia académica un sistema diseñado para mantener la desigualdad en beneficio de unos cuantos.
El documento plantea un conjunto de retos e ideas que pueden servirnos para articular un proceso de movilización ciudadana. Hoy podemos aprovechar esta investigación para dar contenido y dirección a las emociones imperantes, construir soluciones desde la base y desarrollar un proceso participativo que le dé rumbo a la exigencia de cambio. Es importante discutir ideas como las que ahí se proponen, con el fin de articularlas desde la base social.
Es indispensable organizar a la gente que hoy sufre el peso sistémico de la desigualdad, para alzar la voz, articular células de acción descentralizada, presentar propuestas e incitar al diálogo para el consenso colectivo. La construcción de nuevas dinámicas institucionales que resuelvan los problemas que enfrenta el país sólo tendrá éxito si la sociedad se apropia del proceso y evita que, como siempre ocurre, unos cuantos lo usufructúen en su beneficio exclusivo.
México está inmerso en un dramático cambio de era. Hoy que la polarización nubla prácticamente todos los espacios de discusión, es importante impulsar propuestas que fomenten el debate constructivo por parte de la sociedad, en lugar de depender exclusivamente de lo que piensan algunos liderazgos públicos. Propongo revisar a fondo el texto de Viri Ríos para dibujar un primer mapa de acción, que aterrice y conduzca el estado de ánimo que hoy representa Morena, independientemente de que ello ocurra dentro o fuera de ese instituto político.
La construcción de múltiples movimientos sociales que desde la base empresarial y trabajadora propongan: arraigar una cultura nacional de competencia; lograr el equilibrio entre organización, productividad y salario; crear un Estado fuerte que provea buenos servicios públicos; garantizar un Estado equitativo e igualitario, podría significar la primera semilla de la #SociedadHorizontal que viene. Ha llegado el momento de hacerla realidad.
