Lecciones aprendidas

El tono utilizado por Trump hacia nuestros connacionales negociadores, hacia el gobiernomexicano y, por ende, hacia el país entero, debería generarnos indignación. La polarizacióninterna no puede convertirse en fragmentación hacia el exterior.

Por una #SociedadHorizontal 

Donald Trump presumió en su reciente discurso pronunciado en Ohio que durante las negociaciones de 2019 con la delegación mexicana logró que el gobierno de México desplegara “de manera gratuita” a 25 mil soldados en las fronteras sur y norte. También aseguró que, al mismo tiempo, consiguió que iniciara el programa Quédate en México, a través del cual miles de migrantes —principalmente centroamericanos— han permanecido en nuestro territorio desde aquel momento. El discurso causó irritación, pues, con marcada sorna, el expresidente subrayó: “Nunca he visto a nadie doblarse así”. 

 Como ocurre respecto a cualquier tema público en estos días, las redes se incendiaron. Los detractores de AMLO no tardaron en salir a reprobar la situación y desahogar ácidas críticas. En mi opinión, en esta ocasión, frente a un tema tan sensible, cayeron en excesos delicados que no deberíamos fomentar. Un ejemplo fue el tuit de la académica Denise Dresser, quien retomó el lenguaje de Paco Ignacio Taibo II para, groseramente, referirse al Presidente de México: “Se la metieron doblada”. 

 Es preciso recordar que las declaraciones de Trump se refieren a un capítulo de la más alta tensión en la relación bilateral. 

 El republicano había amenazado con gravar todas las exportaciones mexicanas hacia nuestro vecino del norte con un 5% de aranceles, mismos que podrían alcanzar hasta un 25% si no se frenaban los flujos migratorios hacia aquel país. En aquel momento también estaba en juego la ratificación del Tratado de Libre Comercio y el tiempo para resolver el asunto era apenas de un fin de semana. Poner en juego todo el entramado comercial entre México y Estados Unidos hubiera sido desastroso. Por eso creo, tal y como en su momento lo dijeron nuestros representantes: “Dadas las condiciones apresuradas de la negociación”, el gobierno llegó al mejor acuerdo posible. 

 Desde la distancia que permite el tiempo, es fácil argumentar que había mejores soluciones. Probablemente las había, no obstante, la división que vivimos nos genera una miopía que resulta peligrosa. El tono utilizado por Trump hacia nuestros connacionales negociadores, hacia el gobierno mexicano y, por ende, hacia el país entero, debería generarnos indignación. La polarización interna no puede convertirse en fragmentación hacia el exterior. 

Más allá del mal sabor de boca que ha dejado este episodio, sirvan algunas reflexiones sobre nuevas dinámicas políticas que también han quedado al descubierto y que podrían definir cada vez más la relación bilateral. 

 Aquellos tiempos en que los políticos podían ofrecer cualquier cosa con tal de atraer la simpatía de los votantes van quedado, progresivamente, en el pasado, pues se ha vuelto cada vez más peligroso para ellos. En cuanto a la relación con los Estados Unidos, posicionamientos “envalentonados”, pero carentes de estrategia, como los que hubo en el pasado o convocatorias de “puertas abiertas para nuestros hermanos centroamericanos”, como las realizadas al principio del sexenio, no pueden repetirse a la ligera. 

 Hoy que existe una amplísima difusión de cualquier información, que la comunicación entre millones de personas es inmediata, la hipertransparencia que vivimos exige previsión, inteligencia y seriedad en las políticas públicas que emprendamos. Los políticos mexicanos están obligados a tener presente las terribles asimetrías que existe entre ambas naciones, para construir un discurso renovado. Hoy debemos colocarnos por encima del nacionalismo tradicionalista y desarrollar una nueva fórmula que proyecte nuestra soberanía, sobre las bases de la dependencia bilateral que cada día se acrecienta más. 

La fusión acelerada entre México y Estados Unidos en los temas económico-comercial, laboral-migratorio, los de seguridad y salud, así como los probables en materia energético-ambiental, permite prever oportunidades y diferencias que reclaman una manera más seria, corresponsable y colaborativa en el actuar de ambos países. El nuevo escenario geopolítico, en el contexto de la competencia global entre Estados Unidos y China, define por sí mismo una ruta de mayor integración entre los países del hemisferio norteamericano. La integración México-Estados Unidos es inevitable. 

La evolución positiva del mutuo respeto bilateral es la base sobre la cual descansa un futuro promisorio. Sirva el agrio capítulo de las declaraciones recientes del expresidente Trump para tomar conciencia de esto. Aprovechémoslo también para evitar, en lo sucesivo, que las diferencias políticas imperantes sean excusa para fragmentarnos cuando alguien nos agrede como mexicanos. Ésa debe ser la visión de la #SociedadHorizontal. 

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