La encrucijada
Sirvan estas consideraciones para poner en la balanza el momento que vive el país y especialmente el que vive el presidente López Obrador a un año y escasos meses de que concluya el actual sexenio. El tiempo transcurre y, como todo ciclo natural, la administración de AMLO inicia un ocaso progresivo
Por una #SociedadHorizontal
Los seres humanos siempre enfrentamos disyuntivas en nuestras vidas que tienen la finalidad de confirmar quienes somos. Momentos difíciles en los que las decisiones que tomamos significan la prueba clara y absoluta de cuáles son nuestros principios y nuestros valores. Es precisamente en este tipo de encrucijadas donde, al vernos al espejo, nos enfrentamos a la forma en que trascendemos, dependiendo de las determinaciones que tomemos.
Quienes han estudiado esto señalan que el libre albedrío es el mecanismo que le permite a las personas construir el camino que las lleva a cumplir su propósito de vida. De esta forma, cada una de las resoluciones que se toman en la vida forman parte de una trayectoria personalísima que, a lo largo del tiempo, forja nuestro paso por este mundo. En resumen, la huella que dejamos depende de las decisiones que tomamos.
Sirvan estas consideraciones para poner en la balanza el momento que vive el país y especialmente el que vive el presidente López Obrador a un año y escasos meses de que concluya el actual sexenio. El tiempo transcurre y, como todo ciclo natural, la administración de AMLO inicia un ocaso progresivo.
Sirva como ejemplo la última votación de la Corte. Dado que los votos en ese cuerpo colegiado no son exclusivamente jurídicos, sino que también tienen un trasfondo político, las recientes discusiones en contra del proyecto presidencial de Guardia Nacional, así como de la reforma electoral han dado muestra contundente de ello. La actuación del ministro Arturo Zaldívar permite entender el asunto con mayor detalle. Proclive a ayudar al régimen en la última etapa de su carrera, el ministro intentó justificar con cientos de “maromas” su cambio de posición frente a la forma en que años antes había votado la Ley de Seguridad Interior. El cambio fue patético. No obstante, ante la apabullante marejada que lo arrolló en la primera votación, no le quedó más que alinearse a la mayoría y acomodarse en la siguiente votación.
El ocaso que empieza a vivir el sexenio significa que ha llegado el momento para que AMLO tome la decisión que marcará su destino como líder histórico. Aunque ha sido proclive a apoyar en público y en privado a Claudia Sheinbaum, la sucesión en México siempre ha sido un tema complejo. El impulso con cuantiosos recursos y cargadas no termina por convencer a todos. La aparición de Adán Augusto López genera la sensación de que podría haber un nuevo favorito. La exigencia de un “piso parejo” por parte de Marcelo Ebrard da cuenta de la falta de consenso unánime sobre la forma en que se ha dado el proceso.
Hoy que se ha desgajado el régimen priista nos ha quedado desnuda la cultura del dedazo como un tema unipersonal y de concentración del poder. Se perdieron las consultas a los sectores, a los grupos de poder, para que la decisión de quién sería el sucesor gozara del mayor de los consensos, equilibrio y certidumbre posibles.
En este contexto, AMLO declaró que sería bueno adelantar la decisión para dentro de unos tres meses. ¿Qué hay en su cabeza? ¿Qué preocupaciones ocupan sus noches? ¿Qué anhelos motivan sus amaneceres? Un hombre que ha tenido como propósito de vida dejar su huella en la historia del país se enfrenta a la decisión de quién habrá de garantizarle —a su entender— que así ocurra.
A lo lejos, para nosotros el pueblo espectador, parecería que López Obrador se debate entre garantizar que en su lugar quede alguien que haga caso a todas las indicaciones que dicte desde Palenque para mantener su legado o alguien que tome un camino propio, que tenga un liderazgo personal, que pueda guiar al país sin la necesidad de consultarle en todo momento.
Desde mi querido Acapulco, donde hoy escribo estas líneas, me permito dar la siguiente recomendación no pedida. Cuando las decisiones dependen sólo del ego, de querer garantizar la certidumbre personal a toda costa, no se consigue el propósito deseado. La forma en que AMLO pasará a la historia depende de una sola decisión y ésta, de la manera en la que él piense y sienta: si lo hace respecto a él exclusivamente o lo hace respecto al futuro de la patria. Por eso, ante la falta de otros contrapesos, valdría la pena que verdaderamente escuche la orientación de la #SociedadHorizontal.
