Entre la espada y la pared

México es parte central del cronograma, de las acciones y de la narrativa. El país entregó, tan sólo en 2025, unos 12 mil 280 barriles de petróleo al vecino caribeño. En la acusación de Estados Unidos contra Maduro, el nombre de México, con aviones, traslados de dinero y pasaportes a líderes criminales, aparece 25 veces...

SanarAMéxico, por una #NuevaRepública.

Tras la llamada de Donald Trump con Claudia Sheinbaum de la semana pasada, las preocupaciones sobre el futuro de la relación entre México y Estados Unidos se han incrementado. La toma de Venezuela y la puesta en marcha de la nueva doctrina “Donroe” pusieron mayor foco, no sólo a las relaciones de México con el régimen de Maduro y Chávez, sino con Cuba y otros gobiernos de “izquierda”. También retomaron, en palabras del mismísimo Trump, la idea de que “los cárteles gobiernan” aquí.

Con la mira puesta en el proceso electoral estadunidense de noviembre próximo, el tiempo corre. La agenda Trump lleva una velocidad y una mira territorial inusitadas. Desde Irán hasta Groenlandia, desde Colombia hasta Panamá, el apuntalamiento de “los intereses” estadunidenses es un asunto cotidiano. Mientras Ucrania y Taiwán son pivotes de la tensión tripolar emergente, la posición de Marco Rubio es que: “Estados Unidos no necesita el petróleo de Venezuela, pero no permitirá que caiga en manos de adversarios”.

En este complejo escenario, México es parte central del cronograma, de las acciones y de la narrativa. El país entregó, tan sólo en 2025, unos 12 mil 280 barriles de petróleo al vecino caribeño. En la acusación de Estados Unidos contra Maduro, el nombre de México, con aviones, traslados de dinero y pasaportes a líderes criminales, aparece 25 veces. 

Mientras que a lo largo de casi un año se ha filtrado que existen listas con unos 40 nombres de políticos relacionados con el crimen organizado, es altamente probable que los juicios del Mayo Zambada y Los Chapitos hayan presentado ejemplos concretos de la podredumbre institucional de décadas. Sin embargo, otros juicios menos “rimbombantes”, como el de Brother Wang —acusado por dedicarse al lavado de dinero, tráfico de estupefacientes y ligas con proveedores de precursores chinos— o el de la familia Jensen, de Utah —quienes compraban combustible robado en México, lo llevaban a su planta en Texas y lo reintroducían, sin pagar impuestos, en ferrotanques como “lubricantes” —representan ejemplos didácticos del proceder de autoridades con delincuentes, tanto en materia de fentanilo como de huachicol fiscal.

En este contexto, después de la aprensión de Maduro, Trump dijo que “vendrán acciones en tierra” en suelo mexicano. Puede no gustarnos, pero hay elementos suficientes para creerle. 

¿Sería una amplia intervención armada? No lo creo, sería demasiado complejo administrar la reacción social en un país tan grande y tan cercano. No obstante, sí es muy probable que existan acciones “quirúrgicas” contra objetivos específicos. La pregunta es: ¿ocurrirán con la anuencia del gobierno mexicano o sin ella? Hay quienes señalan que desde hace semanas, en regiones como Sinaloa o Jalisco, ya existe presencia de elementos militares del vecino del norte.

Tengo la impresión de que a la Presidenta se le ha colocado entre la espada y la pared. En lo interno, prevalece una pugna real sobre lo que debe hacer el gobierno mexicano. Por un lado, quienes prefieren coordinar esfuerzos y enfrentar al flagelo del narcotráfico en una coyuntura táctica. Por otro lado, quienes le exigen impedir a toda costa que estas actividades se realicen. Exigen que se defienda la soberanía, cuando en realidad piden que se proteja a quienes, por decisión expresa o por incapacidad negligente, permitieron que este cáncer crezca. 

¿Qué hacer? Sirva un episodio de la historia nacional que podría traer algunas luces a los tomadores de decisión. 

Cuando Lázaro Cárdenas asumió la Presidencia, el hasta entonces “jefe máximo de la revolución” tenía la idea de disponer del gobierno, tal y como lo había hecho en el pasado. Plutarco Elías Calles impuso a integrantes del gabinete y logró que sus hijos fueran convertidos en gobernadores.

No obstante, conforme la administración avanzó, Cárdenas aprovechó, en corto, para fraguar alianzas con militares, líderes sociales, sindicatos y un sinnúmero de actores políticos. Llegó el momento en que Calles amenazó con retirarle el poder al michoacano. Un 9 de abril, tras exigir la renuncia de todos los funcionarios y militares callistas, a las diez de la noche, el sonorense, en su domicilio, fue notificado para que se preparara para salir del país. A las seis y media de la mañana fue llevado al aeropuerto con rumbo al exilio. 

Este fragmento nos recuerda que, por encima del interés de unos cuantos, debe estar el de la sociedad y el Estado mexicano. Frente a esta compleja coyuntura, el reloj avanza.

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