Concursos de arquitectura: la Ópera de Sydney

Pocos concursos de arquitectura han tenido un resultado tan espectacular como éste, y pocos han sido tan difíciles; con un resultado que fue muy bueno, o muy malo, dependiendo del punto de vista. Como muchos concursos, el del edificio para la Ópera de Sydney fue ...

Pocos concursos de arquitectura han tenido un resultado tan espectacular como éste, y pocos han sido tan difíciles; con un resultado que fue muy bueno, o muy malo, dependiendo del punto de vista.

Como muchos concursos, el del edificio para la Ópera de Sydney fue complicado desde su inicio, en 1957. Se ha señalado que el jurado ya había escogido a un ganador, antes de que Eero Saarinen se integrara a sus deliberaciones. Saarinen era un arquitecto internacionalmente reconocido y su participación fue fundamental para que el jurado cambiara su opinión y escogiera el proyecto de un arquitecto prácticamente desconocido: Jorn Utzon. Esa decisión causó enormes problemas en la construcción de la obra, como certeramente lo analizó Félix Candela en 1968 (En defensa del formalismo y otros escritos. Madrid, Xarait Ediciones, 1985, p.57-64).

El éxito del edificio es enorme, se convirtió en símbolo de Sydney; fue declarado como uno de los edificios más significativos del siglo XX. Al final de su carrera, y después de años de pleitos con las autoridades australianas, Utzon recibió en 2003 el Premio Pritzker por el conjunto de su obra. El fracaso fue en la función y estructura del edificio, y eso fue muy grave. El conjunto se inauguró en 1973, con 15 años de retraso, con problemas y disputas que terminaron con la renuncia forzada de Utzon en 1964, y con un costo que pasó de 10 a 130 millones de dólares. Las bóvedas compuestas por segmentos de esfera no sólo eran atractivas estéticamente, debían de cumplir una función; la de soportar su peso y la fuerza del viento. Se invirtieron decenas de millones de dólares en los 12 proyectos de ingeniería que realizó Ove Arup y con un sistema complicado de elementos autoportantes y prefabricados de concreto, se pudieron construir las 10 bóvedas exteriores cuyo peso es enorme, porque están recubiertas con piezas de cerámica. Robert Mark, profesor de arquitectura e ingeniería de la Universidad de Princeton, señaló: Se podía haber usado un sistema estructural más simple y menos costoso para soportar las bóvedas, a base de elementos estructurales metálicos. (Mark R. Light, Wind and structure. Cambridge, MIT Press, 1990, p.3-5). Sorprende que no se aprovechara la experiencia de Candela, que en 1958 había realizado bóvedas de arista como las de la fábrica Bacardí; y que en 1961 recibió el Premio Perret, de la Unión Internacional de Arquitectos.

Todo el conjunto de la ópera se desplanta sobre plataformas inspiradas —según admitía el propio Utzon— en la arquitectura maya. Las mejores vistas son a la bahía, pero el acceso es por una plaza hacia la ciudad. George Izenour, experto en diseño de salas de concierto, señaló algunos errores graves (Theater design and modern architecture. Carnegie Mellon University, 1978, p. 43): Tanto la sala de conciertos como el teatro de la Ópera de Sydney revelan un mal diseño de los espacios públicos y una completa confusión de las circulaciones del público en el acceso y salida… las estructuras interiores no se relacionan de ninguna forma con las bóvedas exteriores… por eso los planes para realizar una sala para ópera tuvieron que combiarse, para hacer una sala de conciertos y un teatro pequeño. El diseño de Utzon, funcionalmente, terminó en un desastre arquitectónico-teatral de primera magnitud. Su éxito ha sido enorme, porque se convirtió en símbolo de la ciudad de Sydney.

El diseño de Utzon terminó en un desastre de primera magnitud.

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