Concursos de arquitectura: el arco de San Luis Missouri

Los concursos de arquitectura tienen numerosas ventajas; atraen la atención hacia ciudades que los organizan, resultan muy atractivos para los promotores y los concursantes y, si están bien realizados, se consigue una obra que puede promover a la ciudad. Sin embargo, en ...

Los concursos de arquitectura tienen numerosas ventajas; atraen la atención hacia ciudades que los organizan, resultan muy atractivos para los promotores y los concursantes y, si están bien realizados, se consigue una obra que puede promover a la ciudad.

Sin embargo, en muchos concursos los resultados son inesperados y sorprendentes; como sucedió con el que se realizó en 1947 por las autoridades de San Luis Missouri, cuando decidieron convocar a un concurso para construir un monumento a Jefferson, a la orilla del río, en la zona antigua de la ciudad. Se recibieron 172 proyectos, de los que se escogieron cinco finalistas. Uno de ellos fue del arquitecto Eero Saarinen, que presentó un arco que llamó la atención del jurado (Saarinen: shaping the future, New Haven, Yale University Press, 2006). Ese arco es similar a los que realizó el arquitecto catalán Antonio Gaudí en algunas de sus obras. Después de un periodo en el que se completaron los proyectos, el jurado escogió —por unanimidad— el arco de Saarinen, que lo aumentó hasta alcanzar 630 pies (192 metros), y lo presentó como: “el símbolo de la expansión de Estados Unidos hacia el occidente, en un parque densamente arbolado que serviría como refugio a la tensión del centro de la ciudad”.

Como es natural, el proyecto ganador atrajo numerosos comentarios positivos. El New York Times publicó que el arco era “un monumento moderno, hermoso e impresionante”. Sin embargo, la crítica más fuerte denunció que el arco de Saarinen era similar al que el arquitecto Adalberto Libera había propuesto para la Exposición Universal, que se celebraría en Roma, en 1942. Pero ese proyecto no se construyó porque estalló la Segunda Guerra Mundial. Aunque los dos arcos eran diferentes, lo que probablemente provocó la protesta fue que en un cartel —que tuvo una amplia difusión— y fue diseñado por Giorgio Quaroni para la Exposición Universal, el escorzo del arco circular de Libera parece una catenaria, igual a la de Saarinen (Adalberto Libera. New York, Princeton Architectural Press, 2002, p.109). Se señalaron dudas sobre la estabilidad que tendría un arco de esa altura, que fueron resueltas gracias a la firma de ingeniería Severud. Aunque el desarrollo del proyecto se realizó sin otros incidentes, las negociaciones para conseguir el terreno, los permisos y el financiamiento fueron una increíble sucesión de dificultades, de retrasos y de pérdida de tiempo. El inicio de las excavaciones de la obra fue hasta 1960 y la construcción del arco comenzó en 1963.

Sin embargo, Saarinen aprovechó esos retrasos para modificar la sección del arco, haciéndola triangular. El resultado es magnífico, porque esa sección es más esbelta, a medida en que aumenta la altura del arco. Los desplantes son dos triángulos de concreto armado y la estructura superior es de acero. Uno de los grandes aciertos fue recubrir el arco con placas de acero inoxidable que, con las variaciones de la luz, lo convierten en un monumento de extraordinaria belleza. La construcción terminó en 1965, cuatro años después de la muerte de Saarinen y el arco se inauguró en 1967. Es el más alto del mundo y cada año lo visitan más de cuatro millones de personas. La mayor sorpresa fue que, después de 20 años, la ciudad pudo —por fin— tener el extraordinario arco que se ha convertido en su símbolo, que ya es reconocido a nivel mundial.

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