Incongruencia, insensatez y locura de nuestra vida urbana

Reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas. Franz Kafka Klaus es un arquitecto nacido en Europa Occidental en los 70. Es un humorista gráfico especializado en la arquitectura quien se ha convertido en el continuo flagelo de la élite ...

Reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas.

Franz Kafka

Klaus es un arquitecto nacido en Europa Occidental en los 70. Es un humorista gráfico especializado en la arquitectura quien se ha convertido en el continuo flagelo de la élite arquitectónica, ya que de su mordacidad e ironía, no se salva nadie.

Sus caricaturas han aparecido en múltiples revistas especializadas  para la que produce viñetas y tiras cómicas acompañadas por textos satíricos que evidencian su condición paralela de arquitecto y profesor de historia de la arquitectura.

El surrealismo que hoy vive el mundo en general, pero, específicamente, el urbano, ya que es ahí donde se concentra la mayor parte de la población mundial; las capitales políticas de los países son  urbanas y es ahí donde brotan las brutales decisiones y políticas públicas irracionales, descabelladas e insensatas que hoy vemos, día a día como si fueran sketches de una comedia chusca y disparatada.

La lectura de algunos de los artículos de Klaus y observación de sus cartoons, me remite irremediablemente a la obra de El Castillo, de Franz Kafka, la cual, en gran medida, puede verse como una exploración de la alienación humana, del absurdo y de las dificultades inherentes a la lucha del individuo contra entidades incomprensibles y omnipresentes.

Como muchos trabajos de Kafka, El Castillo es un espejo de la condición humana, un reflejo de las preocupaciones existenciales y una sutil crítica de las estructuras sociopolíticas. Aunque en su superficie puede parecer una historia oscura y lúgubre, en su corazón es una exploración valiente de las complejidades de la existencia humana. Como tal, esta lectura nos insta a cavar más profundo y a reflexionar sobre la naturaleza de la vida.

Me parece que la gran crítica de Klaus va en el sentido de hacer ese tipo de reflexión sobre la naturaleza de la vida urbana y la funcionalidad y aportaciones de la arquitectura a nuestra sociedad actual.

Existe un sinsentido chocante, discursos inconcebibles, acciones disparatadas, necias y arbitrarias, decisiones descabelladas e infundadas en muchos aspectos de la vida actual. Sobre todo a nivel de la política. La búsqueda de lo trascendente ha caído, en el encuentro de lo absurdo y lo ridículo. Vivimos una tragicomedia que es absolutamente surrealista.

Cuando se ha priorizado la rentabilidad financiera y económica sin tomar en cuenta la vital importancia del rendimiento ecológico, social y humano, el despeñadero está a la vuelta de la esquina. Ante ideas miopes y de una búsqueda de desarrollos “concretos y brutales”, una parte de la humanidad está percibiendo, o al menos eso parece, que el acompañamiento de lo verde, lo ecológico y lo sustentable, es fundamental para la preservación del planeta y en consecuencia, de la vida humana.

Pareciera que las propuestas incongruentes se han puesto de moda. Durante toda la historia de la humanidad, han existido incoherencias. La enumeración sería casi interminable. Sin embargo, en los últimos años, pareciera que nos estamos empeñando en hacer palidecer los relatos de Kafka.

El ser humano necesita regresar a su esencia. “Simpleza es belleza” es una frase que me encanta. Y que no es lo mismo que “la blancura, el casi nada y el exceso de minimalismo”.

Expresiones basadas en la figura literaria del oxímoron, y que son absolutas paradojas, pudieran acercarse a sucesos de nuestra cotidianeidad.

Hombres y mujeres debemos de regresar a ser el centro de las propuestas. Tanto los Estados, la iniciativa privada como la sociedad en general debemos impulsar y generar políticas donde el desarrollo humano se encuentre en el corazón de las propuestas. Cuando se es verdaderamente humano, el entorno, la cultura, el medio ambiente y el planeta estarán cuidados y valorados.

Debemos cuestionarnos por qué está sucediendo todo esto. El mundo no siempre se ajusta a nuestras expectativas o a nuestra comprensión lógica. En lugar de rechazar lo irracional, podríamos empezar por intentar comprenderlo, incluso aprender de ello. Porque este absurdo, este mundo kafkiano, caricaturizado de manera extraordinaria por Klaus puede ser una forma de entender nuestra nueva realidad. Y con la humildad que requiere un autoanálisis, tratar de realizar una síntesis de nuestra historia para alcanzar un “justo medio”.

Todo empieza por casa. Y lo principal es la educación. Diría Christian Dior: “La elegancia es discreción, inteligencia, integridad, prudencia, pero sobre todo educación”. Otro grande de la moda, Yves Saint Laurent comentó: “Las tendencias desaparecen, el estilo es eterno”.

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