Las preguntas de Cirilo
Le enseñamos a ponernos atención so pena de que le duela el bolsillo.
¿No les ha pasado que en silencio piensan: “¡Pero qué pregunta tan tonta la que me acaba de hacer Cirilo!”?
Y entonces, en lugar de que nuestro pobre Cirilito nos cause ternura por su despiste cósmico, sacamos las uñas y ese tonito molesto —que todas sabemos perfecto cuál es— y respondemos con dos piedras en la mano.
Tenemos que darnos cuenta, queridas Cirilas, que más del 90% de las veces que le hablamos a nuestros Cirilos sobre nimiedades, ellos simplemente nos están dando el avión, de lo cual se desprenden las preguntas insulsas que al final no lo son tanto, porque ¿qué creen? Cuando, según nosotras, aclaramos aquel insignificante punto, él estaba en el mundo de los Cirilos en blanco.
“¿Mi amor, hay que comprar limones?”, pregunta Cirilo desde el súper cuando lo mandaste a comprar los ingredientes de la cena que vas a preparar para la familia. Entonces uno se jala los pelos y contesta “¡¿cómo que si hay que comprar limones, entonces con qué crees que voy a hacer el pie de limón que llevo diciéndote toda la semana que voy a preparar?!”. Voilá! Primera pregunta estúpida de la noche.
Uno lleva toda la bendita semana hablándole del delicioso pie que prepara la tía Chana y que te pasó la receta, pero que lo vas a hacer con menos azúcar y bla bla bla… Sí, así lo escucha Cirilo, bueno… sólo escucha la parte de “bla bla bla”. Luego, cuando lo mandas al súper, pregunta si hay que comprar limones porque probablemente algo en su inconsciente le recuerda que escuchó la palabra “limones” y se quiere cerciorar, pero no porque te haya atendido cuando le desmenuzaste la historia del pie de limón de la tía Chana.
Pero no nos pongamos punks, porque yo quisiera que a nosotras nos hicieran un examen sobre los temas de trabajo que Cirilo nos cuenta. El nombre de su jefe, por ejemplo, o el encabezado del memo que te ha contado mil veces que le mandaron y por qué no estaba de acuerdo, incluso, ¿sobre qué era el memo? Es en ese momento cuando él te cuenta sobre el bendito memo, que tú estás pensando en el pie de limón. ¿Sí o no?
Por eso, hay que tener paciencia y contar hasta diez con la certeza de que la mitad de nuestros temas, no es que aburran a Cirilo, pero no son de su completo interés. Mucho menos si intentamos contárselos cuando están viendo un partido de futbol o jugando Resident Evil.
Pero es que es justo esa ventana de déficit de atención que tenemos que aprovechar para cuando vamos a renovar las cortinas de la casa, o a comprar vajilla nueva. Si en vez de enojarnos cuando no nos ponen atención, les enseñamos a que hay que ponernos atención so pena de que les duela el bolsillo, les aseguro que comenzaremos a hacer grandes adelantos.
Podemos hacer un experimento y llegar con una vajilla nueva cargada a la tarjeta de crédito de Cirilito, justo esa vajilla que tanto has querido y que él, renuente como es a todas esas compras innecesarias, te la tiene en stand by.
En el próximo partido del Mundial, háblale sobre la vajilla, pero no empieces diciendo que la vas a comprar, mejor cuéntale de los colores, del material y cuando tenga la mirada más perdida, ¡bam! Le dices que estás pensando en, por fin, adquirirla.
De respuesta vas a recibir un “aja”, tal cual e igualito ha venido respondiendo en automático durante toda tu exposición sobre tu futura vajilla nueva. Luego, dos días después corre, cómprala y le muestras, eso sí, cuando esté bien atento, su nueva adquisición. Cuando brinque aplicas el “es que tú nunca me pones atención, te hablé media hora sobre la vajilla, los colores de la vajilla, el material de la vajilla…”, lentamente, su inconsciente comenzará a traer esa información, lejana como los limones, pero con tal de no escucharte dar lora porque “nunca te escucha” se rendirá.
Así todos ganan. Tú tienes vajilla nueva y él no tendrá de otra más que decir “ajá”.
Feliz jueves.
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