El mundo según Cirilo cavernícola

Los vasos se recolectarían en la mesa de noche y los cinturones entre las cobijas.

En el mundo según Cirilo, los calzones se guardarían en el piso. La ropa se usaría arrugada y los zapatos se guardarían a un costado de la cama. Las toallas se mantendrían húmedas sobre el edredón y su piel olería a permanente a clóset de abuelito.

Los vasos se recolectarían en la mesa de noche y los cinturones entre las cobijas. Los pantalones estarían al revés sobre un mueble haciendo una montaña, los calcetines serían bolitas con las que el perro jugaría y jamás tendrían un par coordinado.

El paisaje sería frondoso… nadie se lo comería, en especial el brócoli y la coliflor. En cambio, los lugares de pizza, hamburguesas y hot dog’s, se mantendrían repletos, todos serían gordos y tendrían problemas de colesterol.

Los refris sólo tendrían compartimento para cerveza y congelados, las alacenas para enlatados y sopas instantáneas. La vajilla sería desechable y se recolectaría, con la salsa de la pizza de ayer, sobre las diversas mesas de la casa.

Las llaves del auto y la casa nunca aparecerían, o aparecerían cuando no se necesitan, para luego volverlas a perder. La pasta de dientes sería como una momia impenetrable, el cepillo estaría tan usado que ni cerdas tendría y probablemente, en vez de papel de baño, se usarían servilletas.

Para encontrar un DVD habría que buscar en todas las cajas, o en la del último DVD que vieron, una especie de logística que sólo ellos entienden.

El día sería para dormir y la noche para jugar juegos de video y comer pizza fría de hace varios días. El canal de porno sería la televisión abierta y los personajes famosos irían en cueros por las calles.

El cajón de la mesa de noche albergaría una familia de ratones que Cirilo jamás descubriría y que llevarían allí viviendo durante generaciones y generaciones. Las piyamas no existirían y los jabones de la ducha serían chiquitos con olor a Rosa Venus.

Los camiones de basura no existirían porque nadie la sacaría y las mascotas del hogar serían mosquitos diminutos que vuelan en círculos. Los vasos no serían necesarios y en los cartones de leche vendrían indicaciones para tomarla a pico de botella.

En la sala no habría sala sino una mesa de billar. El comedor no sería necesario, en cambio una mesa de pin pon. La tele que cada una ve en este momento en su casa sería como diez veces más grande y el paquete de cable tendría más canales que mosquitos volando en círculos.

La cama estaría llena de boronas y no existirían los cojines decorativos. Los sillones tendrían manchas de salsa de tomate y en el balcón habría ceniceros en vez de macetas.

Las muchachas de servicio podrían trabajar hasta en cinco casas al día y ellos no se darían cuenta de que lo único que hicieron fue sacar la basura y levantarles los calzones del suelo. En cambio, tendrían nuevamente calzones para decorar con otro patrón el piso.

Lo peor de todo, es que aunque muchos no “encajen” en este perfil, en sus más oscuras fantasías cavernícolas, no tendrían problema en coleccionar sus calzones en el suelo. Y es que somos las Cirilas las que imponemos el orden en la vida de Cirilo, las que llegamos llenas de reglas y cojines decorativos a ponerle las patas en su sitio a sus vidas ¿A poco no?

Recuerden que nada, nunca, es personal y todo es tan serio como se lo quieran tomar.

¡Feliz viernes!

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