Un error garrafal

Si algo he escuchado decir es que cuando llegan los hijos la pareja cambia.

He conocido parejas que piensan que un hijo les va a arreglar los problemas. He conocido parejas que pensaron eso y se divorciaron incluso estando embarazados. Esto me lleva a asegurar que un hijo nunca será la solución.

Si algo he escuchado decir es que cuando llegan los hijos la pareja cambia. Que la mujer se aboca por completo al bebé y que descuida al marido; que son contadas las que sobreviven a un bebé con su relación intacta. Aunque esto no sea condición absoluta, no se puede negar que la llegada de un niño cambia las dinámicas y los humores. Por eso, recostarse en la posibilidad de que los problemas existentes van a opacarse por lloriqueos en el cuarto contiguo, es un error.

Después de ser testigo de la complejidad que implica la llegada de un bebé, creo que la única forma de recibirlo es estar en el mejor momento de tu relación, o por lo menos, contar con una comunicación clara que pueda ayudar a sostener a la pareja a los cambios que se enfrentan cuando la familia crece.

Las mujeres cambiamos, nuestro cuerpo cambia y se llena de hormonas que nos hacen enloquecer. El hombre puede sentirse desplazado pues, al final, su mujer comienza su preparación para dejar de ser esposa y convertirse en madre. Ahí está el primer error.

Las mujeres deberíamos de tener la capacidad de seguir siendo esposas y madres a la vez. Con este equilibrio, los ajustes que se desprenden tras la llegada de un chiquito, serán más fáciles de enfrentar y no terminarán en la ruptura de un amor que, en el pasado, iba de maravilla.

El instinto nos hace ser madres, madres al cien por ciento, madres con todos los sentidos puestos a la protección de una criatura que nos necesita. Sin embargo, se nos olvida que el hombre que tenemos al lado también nos necesita. Éste debería de ser el momento perfecto para sacar nuestros dotes de multitarea con los que gozamos y no enfocarnos solamente en la labor de madres.

Si la relación está fracturada es obvio que la mujer no se va a preocupar por ser esposa, y se escudará en la compleja tarea de ser madre, en vez de tratar de arreglar su relación. Una vez llega un bebé, todo se termina de opacar, y si no hay armonía con su marido, él quedará completamente en la sombra.

Un hijo es una tarea compleja que debe de ser tomada con sensatez. Un hijo no es la solución a nuestros problemas, a lo mejor tampoco se sume a la lista de ellos, pero con seguridad sí es un cambio que merece nuestra energía y mucha, mucha paciencia.

Es verdad que si lo pensamos y lo dejamos pasar y pasar, la hora de tener un hijo nunca llega. Los cuestionamientos, lo que queremos hacer, los planes y demás cuestiones se tienen que detener cuando pensamos en concebir. Por eso, dicen, que la mejor manera de quedar embarazada es la sorpresa. Pero no podemos confundirnos. Si la relación no va bien, esa sorpresa no será tan agradable y cuando menos te des cuenta estarás enfrentando una separación y una maternidad con el corazón roto.

Por eso hay que abrir bien los ojos y no dejarse llevar por la presión de nada ni de nadie. Es mejor ponerle pausa a la urgente biología femenina y tratar de organizar el rompecabezas de tu relación a sumarle un siguiente nivel a los problemas con tu pareja.

Un bebé debe ser concebido para traer felicidad, no soluciones de ningún tipo.

        www.twitter.com/AlasdeOrquidea

        AlasdeOrquidea@gmail.com

        www.taconesycorbatas.com

        www.alasdeorquidea.com

        www.facebook.com/AlasdeOrquidea

            www.youtube.com/AlasdeOrquidea

Temas: