¿Quién puede detener un cambio cultural? ¿Un resultado electoral? ¡Imposible!

A lo largo de las decenas de miles de años que el hombre ha vivido en el planeta, son incontables los cambios culturales que ha debido aceptar.

Una de las consecuencias menos esperadas que produjeron los resultados electorales de este domingo 5 de junio, es poder discutir uno de los procesos más interesantes en el profundo y difícil avance de la humanidad; eso que los estudiosos llaman, Cambio Cultural.

En este concepto caben, sin duda, costumbres que, aun cuando nos parezcan eternas por considerarlas siempre presentes con nosotros, son muy recientes. Si uno tuviere curiosidad y estudiare el tema, se encontraría que en lo que tiene que ver con no pocas de nuestras ideas y conductas, éstas son más recientes de lo que pensamos, o de lo que el sentido común orilla a pensar, en no pocas ocasiones.

No pretendo con lo que afirmo en los dos párrafos anteriores, que nos vayamos miles de años hacia atrás; por el contrario, tomaré unos ejemplos recientes, para demostrar lo que en el título planteo. Veamos pues.

Hoy, las tres religiones dominantes en el mundo —cristianismo, judaísmo y el islam— son monoteístas. (Si bien acepto que el islam no es, estrictamente hablando, una religión, permítame la libertad de incluirlo, como si lo fuere).

Dicha característica, el monoteísmo, representa para la humanidad un gran avance en su comprensión del mundo. ¿Desde hace cuántos años piensa usted que el hombre dejó el politeísmo —venerar a muchos dioses—, para aceptar un concepto tan revolucionario en su momento, como el de venerar sólo uno? ¿Dos mil, mil quinientos? No importa el número, pues lo que quiero señalar es que esa visión —la monoteísta— es algo reciente en la vida de la humanidad.

¿Cómo se dio este cambio cultural? ¿Quiénes y cómo lo hicieron posible? ¿Cuánto tiempo tomó pasar de las viejas religiones politeístas, a ese monoteísmo que hoy algunos consideran sempiterno? (Que durará siempre; que, habiendo tenido principio, no tendrá fin)

Veamos ahora dos ejemplos que se alejan de lo religioso y tocan lo científico. ¿Durante cuántos siglos la humanidad consideró que nuestro planeta, era el centro de todo? ¿Durante cuántos afirmamos, que el planeta era plano?

Podría seguir indefinidamente dándole a usted ejemplo tras ejemplo de cambios culturales de la misma, o casi igual profundidad e influencia en la vida de la humanidad, y una pregunta surgiría en cada caso: ¿Por qué no fue posible detenerlos?

¿Qué los hizo aceptables, y tomados como algo incuestionable? ¿Acaso nos hicimos especialistas en el sistema solar y el movimiento de los planetas y satélites? ¿Acaso todos hemos visto la Tierra desde una nave espacial, para aceptar que no es plana?

Es más, ¿quién ha visto un electrón? Sin embargo, ¿quién pone en duda hoy que la materia esté constituida por esas y otras partículas más pequeñas?

Al final, queda esto: A lo largo de las decenas de miles de años que el hombre ha vivido en el planeta, son incontables los cambios culturales que ha debido aceptar ¿y por qué no?, también sufrir porque, obligado por la razón, ha debido reconocer que estaba equivocado, en éste o aquel tema.

Los cambios culturales pues, ¡bueno sería entender y aceptar esto!, podemos detenerlos un tiempo; sin embargo, al final la razón termina por imponerse, y aquéllos son aceptados. Esto vale para los que tienen que ver con la ciencia, como también para los que tienen que ver con nuestra visión de la vida. 

¿Por qué digo todo esto? Por la discusión de los resultados electorales y, específicamente, por una causa que unos cuantos dicen, los explican.

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