Pues sí, todo indica que la realidad —como en ocasiones anteriores—, terminará por imponerse
En la globalidad, no hay espacios para la magia con cifras y hechos.
No hace mucho, el discurso de no pocos funcionarios repetía sin descanso que las finanzas públicas —específicamente el Presupuesto de Egresos de la Federación—, estaban blindadas merced a la visión de los funcionarios de la Secretaría de Hacienda que habían adquirido, en la debida oportunidad y en los montos requeridos por la realidad energética del país, coberturas salvadoras.
Los pocos que en ese entonces nos atrevimos a disentir de una afirmación tan falta de sustento dada la realidad de los precios del petróleo de ese entonces, nos cayó todo el peso de las sabias opiniones de panegiristas oficiales y oficiosos quienes, negando la evidencia, se sumaban al coro laudatorio.
La decisión de los funcionarios de Hacienda, como sabe usted, se tradujo en un programa de adquisición de coberturas que al final, cuando al fin conocimos sus características, se vio que fue incompleto y poco después, la realidad demostró que aquel blindaje de nada había servido al tener que realizar un recorte en el gasto.
El recorte anunciado se tradujo —a los pocos días—, en anuncios por parte de las dependencias, de los montos a recortar. Sin embargo, a cuenta gotas nos enteramos de que los recortes serán, en magnitudes mayores a las que originalmente fueron anunciadas.
Total, que ni estaban blindadas las finanzas públicas y ahora, ante las cifras que empiezan a salir, ya con el efecto de la caída del precio del barril de la Mezcla Mexicana de Petróleo incorporado, se habla de un obligado segundo recorte.
¿Qué enseñanza deja la conducta observada de nuestros funcionarios? Una sola: hay que decir, desde un principio, la verdad. Pretender que la realidad se haga la desentendida, y deje que las inexactitudes o mentiras —cubiertas éstas de cierta pátina que les daría apariencia de verdad—, permanezcan intocadas y sean aceptadas por quienes siguen la economía mexicana, es mucho pedir.
La compleja situación que hoy enfrentan no pocas economías y la conducta de algunos gobernantes frente a ella, es una lección que debemos aprender. La mejor sería, Grecia y las bravuconadas de su gobernante que han caído, en pocos días, hechas pedazos.
Así como el gobernante griego ha debido someterse a la fuerza de los hechos, así deberíamos proceder nosotros. La realidad de Pemex y de la CFE, no deja espacio para intentos encubridores; veamos lo que compañías similares hacen hoy, obligados por la realidad y sus efectos los cuales, deben enfrentar y resolver.
Entre más pronto la enfrentemos y procedamos en consecuencia, menos daños sufriremos; además, evitaríamos el ridículo que más allá de lo personal, golpea y afecta la imagen del gobierno y el país. En la globalidad, no hay espacios para la magia con cifras y hechos; estamos en una época donde todos, prácticamente saben todo, de todos.
Durante buena parte del siglo XX, vendimos una ilusión acerca de qué país era México; en 1987, sin la menor consideración, aquélla cayó hecha pedazos. ¿Para qué buscar entonces, repetir episodios tristes y costosos?
Las dificultades que enfrentamos hoy, no son, dejemos la ingenuidad de lado, obra de malvados o de la incapacidad de un gobernante y sus funcionarios, las cosas son más complejas que esa visión simplista.
Empecemos a madurar; un buen principio sería, sin duda, decir la verdad acerca de los problemas que enfrentamos y, hacerlo en su debida oportunidad. Actuar de otra manera sería, lo sabemos bien, demagogia.
