Arte=sistema complejo
Una neurona sólo genera descargas. Cien millones ejecutarán la misma cantidad de chispas.
Las palabras complejo y complicado son sinónimos. Sin embargo, en la física toman significados diferentes. Los sistemas, da igual si naturales o artificiales, poseen dos características: estructura y dinámica. La primera detalla la manera en que se enlazan los componentes del sistema. Cuando hay pocas conexiones entre los elementos, se dice que la estructura es sencilla, si son muchas, es complicada. La segunda propiedad los clasifica en simples y complejos.
Simple es aquél en el que es innecesario estudiar las ligas que hay entre sus partes para conocer su dinámica. Para entender al complejo los nexos son fundamentales. Abrevando en ríos de la lógica vulgar se anticipa que un sistema sencillo se comportará de manera simple y uno complicado será complejo. Sin embargo, hay corrientes caprichosas y meandros zigzagueantes en la naturaleza que quitan el tedio del viaje.
Predecir la conducta de un conjunto de ochenta mil cosas con interrelaciones suena duro. Un estadio de futbol a reventar es así. Su estructura es complicada. Basta con pintar sobre una hoja las relaciones que existen entre todos los asistentes (amigos, familiares, conocidos) para acabar con una maraña. ¿Cómo será su dinámica? Usando el reduccionismo como principio filosófico, se estudia la actuación pasada de un par aficionados. Se registra que el fan de blanco, estaba eufórico cuando el equipo merengue anotaba.
En contraste, si dicha escuadra recibía gol, sollozaba profundamente. Se investiga de la misma manera al espectador colchonero. La predicción dice que al anotar el Madrid, todos los blancos gritarán felices y los rayados llorarán; si el gol es del Atlético, acontecerá al revés. Terminada la final de la Champions en Milán, nos damos cuenta que el comportamiento fue el vaticinado por el estudio, ergo, es un sistema simple.
Al abordar de la misma forma el análisis del cerebro nos iremos de bruces. Una neurona sólo genera descargas. Cien mil millones ejecutarán la misma cantidad de chispas… empero hacen algo más, crean la mente, la consciencia, el Yo, una característica que no yace en alguna de ellas, sino que surge al agrupar un número específico de células y conectarlas de cierta manera.
Muestra una dinámica compleja y presenta una propiedad inesperada, llamada emergente. Es imposible estudiar un sistema de índole tal seccionándolo en sus unidades constitutivas y suponiendo que el engranaje es únicamente la suma de ellas.
Las artes mayores, cazan propiedades emergentes, son crisoles donde se combinan letras, notas, tintes, mas su rastreo sobrepasa el territorio de la simple disposición correcta y perfecta de palabras, sones o trazos. Las permutaciones y acomodos que persiguen deben ser más que sólo la adición de versos, de acordes o de colores, tienen que materializar volcanes instantáneos de magmas brotantes, lámparas maravillosas, que al frotarlas mirándolas u oyéndolas se vinculen con el lienzo de cien mil millones de luciérnagas para que nazcan súbitamente un espíritu ilocalizable, un duende chocarrero y una yegua nocturna, que muerdan y arañen ánimas, y se conviertan en aquella “hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros”.
