Stuka en Guernica

Ernst Udey persigue la idea de crear una máquina con la versatilidad de un caza, el poder de un bombardero ligero y una puntería extraordinaria.

A mi tío, Andrés Bruñó Urdampilleta.

En 1937, en Guernica, a todos les roban el mes de abril. Un par de horas después del mediodía, comienzan a escucharse zumbidos in crescendo, la obertura de ese 26 de abril está lista, una batuta gamada marca la entrada a los vientos metales. Los voladores avanzan determinados, ruidosos y rimbombantes, sus aceros cortan el aire y se aproximan al objetivo. Con poder y agresividad wagnerianos sobrevuelan la villa. Comienza el drama musical con bombardeos en picado. Al mando del teniente coronel Wolfram von Richtofen, escuadrillas de aviones lanzan sus huevos metálicos. Él es primo de Manfred von Richtofen, el famoso Barón Rojo que derribó cerca de ochenta aeroplanos enemigos durante la Primera Guerra Mundial. La honorabilidad durante el combate y un triplano rojo eran sus señales. Quizá por ello, Wolfram admitió haberse portado groseramente en España. La clase no se hereda y es tan escasa como un cisne negro o un león blanco.

Varias son las razas de caballos voladores que participan en la parvada: Dornier, Heinkel, Messerschmitt, Savoia-Marchetti y Fiat. Los alemanes pertenecen a la Legión Cóndor, los italianos, a la Aviación Legionaria. Son bombarderos y cazas. Los primeros derruirán la ciudad, los segundos van protegiendo, algo cuestionable, porque la gente del suelo no posee armamento antiaéreo, menos aviones de cualquier tipo para repeler el ataque; es como si un tigre contratara guardaespaldas al cazar gacelas en la selva. Entre los pegasos destaca una nueva variedad. Su pelaje tiene verdes olivo y militar, presenta manchas plateadas en trazos irregulares. Las patas, que son muy gruesas porque el tren de aterrizaje está fijo y cubierto, llevan el dibujo de un cerdo. El lomo alberga dos jinetes. Su silueta es delgada, pero robusta. Tiene de envergadura 13.80 metros y de longitud unos 11.50. Poco mayor que un típico caza, por ejemplo, el Spitfire F Mk VIII, tiene 11.20 y 9.5 metros de envergadura y longitud, respectivamente. Pero esta especie es un bombardero, no un caza. Es el Sturzkampfflugzeug, el bombardero vertical.

Años antes de la aparición del III Reich, en Estados Unidos, Ernst Udey, piloto que ostenta el segundo lugar en derribos (62), sólo detrás del Barón Rojo, presencia una exhibición de vuelos en picado increíbles protagonizados por el biplano Curtiss Export “Halcón II”. Compra un par y se los lleva a la Alemania nazi. Persigue la idea de crear una máquina con la versatilidad de un caza, el poder de un bombardero ligero y una puntería extraordinaria. La Guerra Civil Española sirve como tablero de entrenamiento, bombas normales e incendiarias asan al pueblo vasco. A manera de coda, las ametralladoras de los aviones se recrean matando desgraciados que huyen despavoridos. Tiempo después, las columnas aliadas en Francia y las del frente oriental corren frenéticas al oír el grito ¡Stukas! —abreviatura del aparato. El mayor Hans-Ulrich Rudel descuenta 519 carros de combate soviéticos él solo. El Stuka es una maravilla de la aviación.

 El 4 de junio de 1937, en París, se revela la radiografía del suceso sobre un lienzo en óleos negros, blancos y melancólicos grises.

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