El cisne negro

Una teoría o proposición, para ser científicas, deben tener un contraejemplo, si soportan su embate, se mantendrán vigentes

Los cisnes no hablan. La leyenda reza que sólo cantan mientras mueren. La elegancia sólo se muestra a cuentagotas y cuando lo que se dice arrulla al silencio. Todos son blancos porque nadie ha visto uno de distinto color en la Europa del 1600. Se verifica siempre. Se divisa uno, otro y otro más, se comprueba que son blancos. Huevo del conocimiento positivista, empollado en el siglo XIX por Auguste Comte, principalmente. Contaminar las aguas inmensas, es un cisne negro; destruir la Tierra, es un cisne negro. Son imposibles. Los cisnes negros no existen. Juvenal lo supo, por ello dijo que son como las esposas perfectas: rara avis in terris nigroque simillima cygnus (ave rara en la tierra, similar a un cisne negro). Cygnus olor, el cisne mudo, habitante del hemisferio boreal, es blanco, el paradigma del ave. Su blancura lo autoriza para tirar el carruaje de Venus, otra alba encantadora y voluntariosa. Pero el planeta es más grande que los ojos humanos, y en 1697, explorando Australia, nadando en un río, actualmente el río Swan, aparece un cisne negro. Así como Odile se presenta ante el príncipe Sigfrido fingiendo ser la misma Odette grácil, enamorada y garbosa, aunque con atuendos negros, así se asoma Cygnus atratus. El mago Rothbart, padre de Odile, conoce que los cisnes son monógamos, corazones vinculados con ese fuego, necesitan magia oscura para apagar dicho fulgor. Por ello embruja a Odette, transformándola en cisne blanco durante los días, y engaña a Sigfrido haciéndolo ver en su hija a su nevado enamoramiento. El noble se sabe timado cuando descubre la farsa, pero ya es tarde, ha dado su palabra de amor a Odile pensando en su querida. Sin embargo, el romántico ruso no dejará que el brujo ni su cría azabache se salgan con la suya, Sigfrido corre hacia Odette y ambos se suicidan aventándose al lago. Los cisnes negros son perturbadores, no es raro que proporcionen una sabiduría más rica de la que se atesoraba; no obstante, quiebran mentes al nacer. Son aves fénix rompiendo anquilosamientos, su alumbramiento nunca es fácil. En Black Swan (2010), de Aronofsky, a Natalie Portman, la reina cisne perfecta y verificada, se le cae el mundo al toparse con la pasional y sexy Mila Kunis. Su orbe, tan encauzado, tan positivo, tan claro, se turba por la presencia imprevisible e impensada de la negrura.

Los cisnes negros pueden pulverizar un conocimiento milenario con una aparición, cientos de verificaciones se anulan ante la presencia de una refutación. De allí que inspiran a Karl Popper para demarcar lo que es ciencia de lo que no lo es. Una teoría o proposición, para ser científicas, deben tener un contraejemplo, si soportan su embate, se mantendrán vigentes y, de ser así, se dice que están corroboradas, mas no verificadas. Por ello, Popper afirma que ni el sicoanálisis ni el marxismo son ciencia, porque carecen de refutación al basarse en hipótesis ad hoc.

Hoy, un “cisne negro” es algo materializado que no se concebía antes, algo irrealizable hasta cierto momento, inexistente. Es una rara avis in terris que permanece silenciosa, ¿por qué necesitaría emitir palabras si su sola presencia atruena lo establecido?

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