Zika, el reductor de cabezas
Zika hubiera transitado por la historia sin tanto ruido, discretamente, de no ser por una situación espeluznante.
Zika es un pequeño bosque tropical de apenas 12 hectáreas. Se encuentra en Uganda, país que remoja sus costas sureñas en el lago Victoria. Los habitantes de la capital, Kampala, y de Entebbe, ciudad importante y célebre en 1976, acostumbran ir allí de día de campo. También acuden los extranjeros que viajan en safaris. Un atractivo consiste en subir a la torre de casi 40 metros de altura para observar el pabellón del bosque a vista de pájaro. Está en una zona de transición entre humedales y zonas agrícolas, haciéndola un paraíso para los mosquitos. Como muestra, sabemos que viven allí aproximadamente 60 especies de estos insectos. Las investigaciones en el sitio se iniciaron en 1946 estudiando la fiebre amarilla, enfermedad causada por un flavivirus transmitido a los humanos por mosquitos del género Aedes, principalmente por el A. africanus. Al año siguiente, uno de los macacos dispuestos para el análisis contrajo una enfermedad diferente y desconocida. Identificado el culpable, otro flavivirus, se le bautizó virus zika. Las recolectas de los zancudos se detuvieron a principios de 1970 y apenas recientemente se han vuelto a realizar censos.
El virus zika estuvo en el anonimato hasta 2007, cuando apareció un brote en las islas Yap, en Micronesia, sorprendiendo a los epidemiólogos por esa capacidad grande de dispersión. Ocho años pasaron y el minúsculo pasajero llegó a América como polizón en algún barco o avión. Pisó tierras brasileñas, y animado por la samba y el calor, se ha dedicado a colonizar el continente. Se dice que es el hermano menor del dengue (flavivirus) y del chikungunya (alfavirus), ambos de origen africano cuyo mayor vector es A. aegypti. Menor, porque muchos de los síntomas que produce son parecidos a los de sus familiares (diarrea, dolor de cabeza y de articulaciones), pero con inocuidad. Sin embargo, el virus del Nilo Occidental, un típico flavivirus africano transmitido por mosquitos, en este caso por los del género Culex, fue clasificado igualmente de inofensivo hasta las epidemias graves en Rumania y Noráfrica.
Zika hubiera transitado por la historia sin tanto ruido, discretamente, de no ser por una situación espeluznante. Según las autoridades de salud brasileñas, se relaciona con una malformación neurológica mortal: la microcefalia. Las criaturas con este mal no desarrollan completamente el cerebro, si no mueren cuando fetos, al nacer o poco después, sufrirán inefables problemas de salud. En 2014, en Brasil, ocurrieron menos de 150 casos del trastorno, en 2015, cuando el moderno jíbaro atacó, la cifra aumentó a 3,893. De comprobarse el vínculo, el futuro será siniestro. Entre si son peras o son manzanas, los gobiernos de Brasil, Colombia, El Salvador y Jamaica hacen llamados a las mujeres para que no se embaracen si viven a menos de dos mil metros sobre el nivel del mar, porque los mosquitos transmisores ya no existen a esa altitud.
Encima, África es cuna de más perversos e imbatibles chiquitines: VIH y ébola. ¿Qué obscuras confluencias ocurren en el continente negro para que crisole engendros venenosos tan malignos y aviesos, capaces de diezmarnos sin miramientos?
