Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 7 de marzo de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin maquillaje

  • LAS TOALLAS

¿Como se deben secar las toallas en el baño, colgadas, tendidas o no importa?

 

R. La mayoría de nosotros pensamos que una toalla empieza a oler mal porque ya “toca lavarla”. Pero, en realidad, el problema suele comenzar mucho antes: justo en el momento en que la colgamos.

Una toalla húmeda es un pequeño ecosistema, y la forma en que la dejamos secar determina si se mantiene fresca o si, en cuestión de horas, se convierte en ese paño tibio con aroma a encierro que nadie quiere usar.

Los expertos en lavandería coinciden en algo muy simple: la toalla debe colgarse extendida, ya sea en un tubo o en un gancho amplio, de modo que el aire pueda circular por toda la superficie. Cuando la doblamos, la apretamos o la dejamos hecha un nudo sobre el gancho, atrapamos la humedad en el centro del tejido. En baños pequeños o húmedos, eso es prácticamente una invitación al moho.

Un gesto mínimo marca la diferencia: darle una sacudida rápida antes de colgarla. Ese movimiento separa las fibras y acelera el secado. Así, la toalla vuelve a su estado natural sin necesidad de lavarla cada dos días.

Colgar bien una toalla no es un acto doméstico menor. Es, en realidad, la forma más sencilla de mantener el baño más higiénico y la rutina semanal mucho más ligera.

 

  • NATURALEZA O CRIANZA

Después de todos los argumentos, ¿cómo ve usted que tiene mayor influencia en la personalidad del ser humano, la naturaleza o la crianza?

 

R. Crecer en un lugar específico deja una huella silenciosa en la personalidad, una especie de acento emocional que te acompaña toda la vida. No se trata sólo de genes ni sólo de ambiente, sino del diálogo constante entre ambos. Los genes marcan tendencias, pero el entorno decide si esas semillas germinan, se moderan o se transforman.

El espacio físico es el primer escultor. Las ciudades imponen velocidad, competencia y adaptación continua. Los pueblos enseñan paciencia, comunidad y un ritmo más humano. El clima también educa: el frío premia la planificación y la disciplina; el calor invita a la sociabilidad y a la improvisación. Sin darte cuenta, aprendes a moverte al compás del lugar donde creciste.

Luego está la cultura, ese molde invisible que define lo que se considera normal, deseable o correcto. En sociedades colectivistas, la identidad se construye en relación con los demás. En sociedades individualistas, se celebra la autonomía y la expresión personal. Creces afinando tu personalidad para encajar en ese sistema de expectativas.

La economía del hogar añade otra capa. La escasez enseña a anticipar riesgos y a ser ingenioso. La abundancia permite pensar a largo plazo y explorar sin miedo. Ninguna de estas condiciones determina tu destino, pero sí tus estrategias.

Al final, el lugar donde creciste se convierte en la lente con la que interpretas al mundo, incluso cuando ya vives lejos de éste.

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