LA PENA DE MUERTE
Señor La Mont, recientemente leí que Israel acaba de aprobar una ley para imponer la pena de muerte. En estas épocas en que la mayoría de los países se alejan de esta barbara costumbre, ¿por qué Israel la va a aplicar?
R. Una buena respuesta es la del politólogo israelí Denis Charbit, quien considera que los legisladores que aprobaron la pena de muerte para delitos de terrorismo actuaron movidos por un impulso de venganza. Según él, más que una decisión racional o jurídica, se trata de una reacción emocional frente al dolor colectivo que dejan los ataques terroristas.
Para aclarar, le comparto que esta norma autoriza la aplicación de la pena capital a los responsables de actos de terrorismo que causen la muerte. Hasta ahora, Israel había evitado este castigo, empleándolo sólo una vez en su historia, en el caso del criminal nazi Adolf Eichmann, ejecutado en mil novecientos sesenta y dos.
Charbit advierte que legislar bajo el impulso de la venganza puede poner en riesgo los valores democráticos y morales del Estado israelí. Convertir la justicia en respuesta emocional, afirma, acerca el país al mismo terreno ético de aquellos a quienes busca castigar.
EL AGUA
¿Tomar el agua a grandes sorbos impide que el cuerpo la asimile?
R. En general, no: tomar agua a grandes sorbos “no impide” que el cuerpo la asimile. El agua se absorbe, sobre todo, en el intestino delgado, y el cuerpo puede manejar volúmenes relativamente grandes; lo que sí pasa es que “si bebes muchísimo de golpe, parte puede terminar yéndose más rápido como orina” en vez de “aprovecharse” de inmediato.
En la práctica, esto significa que:
-Sorbos o tragos grandes: ambas formas hidratan.
- Muy rápido y en gran cantidad: puede aumentar la diuresis, o sea, hacer que orines más.
- Si quieres hidratarte mejor: suele ser más cómodo tomarla repartida durante el día, especialmente si estás deshidratado o haciendo ejercicio.
En concreto, tomarla de golpe no bloquea la absorción, pero sí puede hacer menos eficiente el aprovechamiento inmediato porque el cuerpo regula el exceso eliminándolo.
EN LA EDUCACIÓN
¿Cómo andamos, como país, en la educación en México comparado con otros países, avanzados o rezagados?
R. Le comparto que, lamentablemente, México no sólo está rezagado; está acostumbrado al rezago. En educación, el país lleva años aceptando resultados mediocres como si fueran normales. Mientras sistemas como los de Singapur, Japón, Corea del Sur, Canadá, Estonia, Finlandia y, en varios casos, Chile y Uruguay, logran mejores aprendizajes y mayor consistencia, México sigue atrapado en una combinación de baja exigencia, desigualdad y aprendizaje insuficiente.
El problema no es únicamente cuántos niños entran a la escuela, sino cuánto aprenden de verdad. Un sistema que permite que demasiados alumnos avancen sin dominar lectura, escritura y matemáticas básicas no está formando ciudadanos competitivos; está administrando carencias. Y cuando eso ocurre durante años, el fracaso deja de parecer una crisis y empieza a parecer costumbre.
México no necesita más discursos optimistas ni más excusas. Necesita estándares más altos, evaluación seria y una decisión política de dejar de confundir cobertura con calidad. Porque mientras otros países avanzan, México sigue tolerando demasiado poco aprendizaje para exigir un futuro mejor.
