Un nuevo campeón

A la memoria del gran Pancho Garfias.

Parece algo totalmente inesperado y es como un guión escrito desde un umbral de la total aurora impredecible, el diamante es elegante y será de una exactitud aún como para volver más sesudo a un especialista en los números: sea un actuario, un matemático y quizá hasta un físico cuántico.

Podríamos pedir que se abrochen los cinturones ante esta muy posible montaña rusa de emociones, este choque por comenzar mañana, con esa estampa ya inevitable mediante la cual ambos equipos buscan algo no visto en su destino hasta este presente apoteósico o de dar todo hasta la orilla, en una épica como para pensar en lo bello de por qué este rey se juega en un diamante y los alaridos no son de guerra, sino de familias, aficionados fieles, quienes buscan ese mejor desempeño y el camino a la victoria como una consecución hasta el anhelado trono hoy desconocido por ambos…

Unos llegan con la fuerza del rayo, los otros con un líquido, el cual muchos relacionan con la victoria y el jolgorio propio de evaporar tensiones, dos domos con un ruido como el mejor campo del mundo de este beisbol hoy vibrante, hoy desafiante, no ante un enemigo externo: la épica del reino se debe resolver desde los adentros del castillo, pues quienes serían los gladiadores hoy no apuestan a ese futuro compartido y los dueños en las otras comarcas también siempre quieren la mejor zafra, a pesar de cualquier batalla con incendios.

Sí, un incendio puede provocarlo el intempestivo relámpago sobre el campo de levadura (imagen evocativa desde el magistral filme Gladiador), pero también el ejército en busca de prevalecer puede fenecer en su intento si la sed llega como enemigo invisible, inatacable. Pare decirlo en términos más coloquiales: es una ENCANTADORA Serie Mundial, la cual tendremos desde mañana a las 6 p.m. del centro de México; quizá no tenga caballeros en armadura, dulces doncellas, unicornios o duendes maldosos, pero sí tendremos magos de la defensiva, alquimistas de la serpentina y muy probablemente hasta ogros de las aspiraciones rivales.

Es un encanto ese mismo morbo de saber si los Cerveceros de Milwaukee o los Rayos de Tampa por fin lo logran, ambos ya le fallaron en su intento, ciudades quizá sin tanta lupa de la percepción mediática allá en EU, pero qué buena pelota ejecutan ambas escuadras: roban bases, tocan, si es necesario, con bullpen duro en serio. Choque entre las dos mejores marcas de las respectivas Ligas —un patrón no todos los años visto en la pelota—, equipos buenazos para optimizar cada dólar, vaya que sudaron eliminando a los ricachones (Dodgers y Yankees, respectivamente) como para ponerse no sólo a soñar, a actuar en forma para ganar su campeonato… MERECIDO para quien lo gane.

Milwaukee en seis.