Somete y calla la 4T a sus diputadas

En una de las sesiones más sucias de la actual Legislatura, Morena y sus aliados –a los que se sumó el PRI–, sometieron y callaron a sus propias compañeras, que exigían llevar a Cuauhtémoc Blanco ante la ley, para que responda por el intento de violación en contra ...

Adrián Rueda

Adrián Rueda

Capital político

En una de las sesiones más sucias de la actual Legislatura, Morena y sus aliados –a los que se sumó el PRI–, sometieron y callaron a sus propias compañeras, que exigían llevar a Cuauhtémoc Blanco ante la ley, para que responda por el intento de violación en contra de su media hermana.

El pleno de San Lázaro aprobó ayer el dictamen que la semana pasada elaboró Hugo Eric Flores, presidente de la Sección Instructora de la Cámara de Diputados, que propuso rechazar el desafuero de Blanco, porque –según él– la carpeta judicial estuvo mal armada.

La protección al exfutbolista sienta un precedente muy delicado, pues no  sólo se violó la ley, sino que se recriminó públicamente a una mujer que exige justicia por ser agredida sexualmente. No se revisó el caso con perspectiva de género, que tiene como premisa creerle a la víctima.

Por el contrario, varias diputadas de Morena que la mañana de ayer aseguraban que votarían en contra de la exoneración de su compañero, fueron obligadas a cambiar de opinión y votar a favor; en el mejor de los casos, a abstenerse.

Un ejemplo es la vicecoordinadora de la fracción morenista, Gabriela Jiménez, que el lunes declaró estar en contra del dictamen de Hugo Eric Flores, pues protegía a Cuauhtémoc y no escuchó a su víctima.

Pero si el lunes anduvo brava, después de tres Doritos cambió su voto en contra por el de abstención. No deja de ser interesante el tema, pues Jiménez es ubicada como cercana a Claudia Sheinbaum, y ni modo que su posición haya atendido una sugerencia presidencial.

Como ella, muchas de sus compañeras recibieron la clásica orden de “calladitas se ven más bonitas”. La gran mayoría se sometió a las órdenes de sus machistas jefes. Eso sí, no aceptaron callar, faltaba más, y le gritaron a Cuauhtémoc “no estás solo… no estás solo…”.

La sesión fue tan cochina, que hasta el presidente de la Mesa Directiva, Sergio Gutiérrez, cedió el micrófono al exgobernador para que, sin estar en el orden del día, cerrara la sesión en la que su cuello quedó a salvo.

Aunque pasó desapercibido, un mensaje oculto es que, de los diputados de Morena que votaron en contra del dictamen, Agustín Alonso y Juan Ángel Flores son exediles morelenses que le reportan al equipo de la gobernadora Margarita González Saravia.

Y que una de las 23 mujeres morenistas que también se rebelaron es Magda Salgado, cercana a la primera línea de la gobernadora, además de la morelense Cindy Winkler, del PVEM. Aunque no se logró el desafuero, es claro que González Sarabia le trae ganas a su antecesor.

Por lo pronto, justo en el día que legisladores asisten a trabajar con un pañuelo naranja, como distintivo de la lucha por las mujeres, Morena y sus aliados las dejaron sin voluntad, con lo que queda claro que eso de “llegamos todas” es una falacia.

Ojalá que las mujeres que ayer hasta cobijaron a Blanco nunca estén en el papel de víctimas.

CENTAVITOS…

Y aunque parece broma, en el Congreso de la Ciudad de México, donde  ninguna diputada morenista se manifestó en contra de la exoneración de Blanco a que rinda cuentas, acordaron exigir a alcaldes y funcionarios capitalinos, cumplir a cabalidad con la paridad de género en la asignación de mandos medios y superiores de la administración pública local. Para la diputada Valentina Batres es imperativo que haya una “paridad total”, y quizá tenga razón. ¿Pero qué caso tiene pedir igualdad y respeto, si cuando agreden a una mujer no la defienden por no ser de Morena?

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