La falsa equidad de género
Se ha ocasionado que a algunos espacios acceda cualquiera, al grito de “soy mujer” como único argumento.
La supuesta equidad de género que se presume hoy, es más una moda transformada en eficaz herramienta para el revanchismo político, a fin de que los grupos dominantes de los partidos acrecienten su poder.
Históricamente, las mujeres han sido discriminadas en todos los sentidos, y por supuesto en la política no es la excepción. Como mexicanas merecen las mismas oportunidades que cualquiera, y su lucha para avanzar en ese sentido sigue siendo dura.
Pero el hecho de que ahora puedan acceder a la mitad de las posiciones públicas, no significa que se les haya hecho justicia. Existe todavía un trecho muy grande, que paradójicamente ellas mismas contribuyen a ampliar.
Hoy tienen mayoría en lugares como el Congreso de la Ciudad de México, por ejemplo, donde incluso están sobrerrepresentadas, pero ello no significa que estén las mejores, sino las que tienen alguna influencia.
Claro que hay figuras con talento, pero desgraciadamente existen muchas que sólo son cuotas de sus dirigentes, y en algunas ocasiones hasta piezas en el tablero de quienes mueven el pandero en los partidos.
Cuando tomó auge el movimiento feminista, a los legisladores mexicanos se les ocurrió que sería bueno que los cargos públicos fueran repartidos al 50 por ciento entre hombres y mujeres, lo cual sonaba incluso romántico.
Desgraciadamente eso ha ocasionado que a algunos espacios acceda cualquiera, al grito de “soy mujer” como único argumento. Lo mismo ocurría con los hombres, que con el argumento de “es orden del jefe”, obtenían los mejores puestos.
Ahora que, en teoría, hay igualdad, ¿no estaría bien que los mexicanos fueran gobernados por los mejores cuadros, sin importar género o preferencia sexual?
Porque flaco favor les hacen sus propios partidos al imponer a las mujeres por género, en lugar de privilegiar su capacidad. Aunque muchas sean incluso brillantes, las meten en el mismo costal de que están ahí sólo por ser mujeres, lo cual sigue siendo discriminatorio.
Un ejemplo es Clarita Brugada, a quien nadie le puede escatimar su lucha social o su experiencia de gobierno, pero está ahí porque la autoridad electoral ordenó que en la Ciudad de México fuera una mujer la gobernante.
Y aunque Omar Hamid García Harfuch era el mejor perfil de Morena —según sus propias encuestas—, tuvo que dejar pasar a Clarita porque era mujer. Fue obvio que la 4T armó sus candidaturas en 2024 para que en la CDMX cayera género, y así sacarlo de la jugada.
Por mucho que digan lo contrario, a las mujeres no se les ha hecho justicia y son una herramienta más en el tablero político. Por eso es que los cargos importantes los deberían ocupar los mejores perfiles, no las cuotas.
CENTAVITOS
Y hablando de igualdad, ayer en Donceles hubo un debate sobre la urgencia de que a las mujeres se les deje de pagar menos que a los hombres. En esta discusión no participó el PAN, seguramente porque ahí sus diputadas ganan la mitad de lo que cobran sus colegas del sexo opuesto… Aunque Morena sí defendió con todo el punto, sus diputados olvidaron que durante la legislatura pasada, una de sus compañeras fue obligada a votar contra una propuesta para que el gobierno reforzara la lucha contra el cáncer, a pesar de que ella había sido diagnosticada con esa enfermedad y la estaba padeciendo. Con lágrimas en los ojos tuvo que votar en contra de sus propias creencias, porque así lo ordenaron desde las oficinas centrales. Si las mujeres quieren igualdad e independencia, deben rechazar el yugo partidista.
