Chamaquea la oposición a Morena

En la 4-T no calcularon que su propia jugarreta de desintegrar la fracción del PVEM ocasionaría que ese partido ya no tuviera dos votos en la Jucopo

Adrián Rueda

Adrián Rueda

Capital político

Por primera vez en la historia del Congreso de la Ciudad de México, una sesión ordinaria se suspendió porque el orden del día —que se discute 24 horas antes— no logró la aprobación de las dos terceras partes de Junta de Coordinación Política y de la Mesa Directiva.

En una situación normal, aun sin acuerdo previo, la sesión se hubiera llevado a cabo y el listado de temas votado el mismo día en el pleno, lo que habría evitado que alguien pudiera frenar una plenaria.

Pero a raíz de la pandemia, que prohíbe reuniones presenciales del Congreso a fin de evitar contagios, Claudia Sheinbaum solicitó a los diputados modificar las leyes para que, en vía de mientras, se validaran las sesiones virtuales y los trabajos no se atrasaran.

Como se necesitaba mayoría calificada para aprobar las sesiones vía web, que los morenos, con todo y rémoras, no completaban, el gobierno y su partido tuvieron que negociar con la oposición para sacar adelante la modificación.

Eso dio oportunidad a los opositores de imponer algunas cláusulas, como las de no aprobar reformas constitucionales vía web, y la obligación de validar un día antes el orden del día, a fin de evitar que la mayoría quisiera sorprender a la mera hora subiendo algún tema.

Para cerrar este candado, la oposición puso como condición que el orden del día tuviera que ser aprobado por los votos de los integrantes de la Junta de Coordinación Política, más el de la presidencia de la Mesa Directiva.

Los morenos no pusieron objeción, pues según sus cuentas, los votos de sus diputados y los de sus aliados les alcanzaban para imponer por mayoría sus temas… tarde se dieron cuenta de que… ¡se los chamaquearon!

En la 4-T no calcularon que su propia jugarreta de desintegrar la fracción del PVEM al robarle una diputada ocasionaría que ese partido ya no tuviera dos votos en la Jucopo —que eran para la causa pejista—, además de que la Mesa Directiva le tocaría al PAN.

Y cuando el miércoles pasado quisieron subir la reforma para reconocer el derecho de los niños trans a cambiar legalmente su identidad ante el Registro Civil, tan sólo con solicitarlo, se enfrentaron a la oposición en pleno.

Quisieron echar mano de su mayoría en la Jucopo, pero ya sin los votos del Verde —a los que ellos mismos deshabilitaron— y con la suma de la presidenta de la Mesa Directiva, la panista Margarita Saldaña, las cuentas no les daban.

Hicieron un recuento y encontraron que Fernando Aboitiz, coordinador de sus aliados del PES, no sólo votó en contra, sino que operó entre los opositores para amarrar el rechazo a la presentación de dicha iniciativa, pues finalmente representa a los cristianos.

Los morenos pegaron el grito en el cielo, pero no pudieron hacer otra cosa más que patalear y despotricar en las redes, pues las nuevas reglas con las que se los chamaquearon las aceptaron ellos.

Ahora dependen de la buena voluntad de algunos opositores como el perredista Víctor Hugo Lobo, presidente de la Jucopo para volver a plantear el tema y que los ayude a subirlo al pleno.

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CENTAVITOS

Además del berrinche de los pejistas, el tema sienta un precedente para ellos, pues mientras no se puedan realizar las sesiones presenciales, los morenos tendrán que negociar con la oposición el orden del día, y si no convencen, pues, simplemente, no se subirán sus iniciativas, por muy mayoría que sean. Es lo malo de no estudiar y de haber llegado a una curul sólo porque la figura de su candidato presidencial los empujó o por haberse anotado en una tómbola, aunque apenas sepan medio leer.

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