Se rayan con tres mujeres
Despreciadas por sus partidos, irán por las delegaciones que les negaron.

Adrián Rueda
Capital político
Así como la mayoría de los partidos se dedican a recoger el cascajo que sus rivales tiran, PRI y Movimiento Ciudadano se rayaron con las candidaturas de tres mujeres que sus rivales dejaron ir, coincidentemente todas diputadas locales.
Sus ejemplos confirman que talento y trabajo no bastan; tienen que buscar oportunidades fuera de la familia.
El Movimiento Ciudadano le abrió las puertas a arribistas como Marcelo Ebrard o Armando Quintero, por ejemplo, pero también reclutó a la diputada perredista Esthela Damián Peralta, una de las más calificadas.
Chilanga por convicción, la guerrerense buscó durante años la oportunidad de ser delegada en Venustiano Carranza, pero el cacicazgo de Julio César Nenuco Moreno —actual líder de la Cámara de Diputados— se lo impidió.
Buscó abrirse camino en Benito Juárez, pero en las internas del PRD Los Chuchos —su corriente— le jugaron chueco; la carrera se la ganó su compañera Dinorah Pizano y entonces buscó una diputación federal.
Sus propios compañeros la reconocen como una de las más eficientes presidentas que ha tenido la ALDF en la Comisión de Presupuesto, pero le tocó banca.
El partido naranja le abrió la puerta en Venustiano Carranza, donde tiene un importante trabajo territorial.
Por su parte, el PRI, que también recogió a arribistas como Mariana Moguel —hija de Rosario Robles—; al impresentable Emilio Serrano o al multichambas Xiuh Tenorio, se hizo de dos valiosas candidatas.
La diputada Laura Ballesteros, impulsora de la importantísima Ley de Movilidad para el DF y durante dos años vicecoordinadora del PAN en la Asamblea, fue despedazada por su coordinador Federico Döring, quien incluso la exilió a una curul fuera de la bancada azul.
Ni su trabajo ni su imagen le alcanzaron, y el dirigente nacional Gustavo Madero no se atrevió a rescatarla como diputada federal por no enemistarse con el jefe político azul en el DF, Jorge Romero.
El PRI la postuló para jefa delegacional en Miguel Hidalgo y será una digna contendiente.
Otra a la que la alianza PRI-PVEM le abrió las puertas fue Polimnia Romana, quien llegó por el PT a la ALDF y tiene trabajo en Álvaro Obregón, donde hizo mancuerna con el hoy experredista Fernando Zárate.
Polimnia buscó la diputación federal, pero pesó mucho su cercanía con Zárate, quien pasó a ser un apestado en el PRD y por eso la anularon. La diputada es hoy candidata del tricolor a delegada en Álvaro Obregón.
Así es como tres diputadas locales despreciadas por sus partidos irán por las delegaciones que en casa les negaron. Probablemente ninguna gane, aunque sí serán una piedra en el zapato para sus excompañeros y su juventud les permite esperar al 2018.
CENTAVITOS... Que el PT se haya bajado los pantalones de última hora para aliarse con el PRD en el DF traerá varias consecuencias para el mercenario Alberto Anaya y su séquito. La primera será la renuncia de Adolfo Orive como líder en el DF, toda vez que Anaya y sus secuaces le pasarán por encima con la miserable alianza de último momento. La segunda —y quizá la más deplorable— es que a Anaya no le importó dejar colgados a decenas de ciudadanos que habían aceptado ser candidatos del PT, cuando el PRD los había despreciado; el impresentable cacique petista prefirió sacrificarlos por unas cuantas migajas antes que perder su franquicia en el DF... El PRD también sacrificó a Alfa González, otra mujer valiosa que llevaba trabajando más de un año el distrito 38 de Tlalpan, que nadie en su partido quería por ser de alto riesgo. La coahuilense le metió tiempo, dinero y mucho esfuerzo; minutos antes de su registro le dijeron que su lugar era para la petista Diana Barrangán... Y de paso, los amarillos pidieron a dos de los grandes ganadores de las internas, Leonel Luna y Víctor Hugo Lobo, sacrificar dos lugares. En GAM tuvieron que bajar a María Cristina García del distrito 7, donde se registró a la petista María Elena Ríos, pero el sacrificio más doloroso fue el que le aplicaron a Luna, quien se tuvo que deshacer quizá de su mejor carta, Gustavo Figueroa en el distrito 25, quien deja su lugar a José Alberto Benavides, el que más grilló por el acuerdo con el PRD y quien le maneja la cartera a Anaya.