Pega frente (político) frío a Iztapalapa

El camino de Jesús Valencia seguirá estando lleno de piedras.

Adrián Rueda

Adrián Rueda

Capital político

Aunque hacia afuera se dicen compadres del alma, lo cierto es que hacia adentro del Gobierno del Distrito Federal los caminos del secretario Héctor Serrano y del jefe delegacional de Iztapalapa, Jesús Valencia, chocan.

Ni el gran poder que el secretario de Gobierno tiene en el edificio del Antiguo Ayuntamiento ha logrado que el alto mando le quite el hielo al delegado, identificado desde todos los ángulos con Marcelo Ebrard Casaubon.

Gracias al ex jefe de Gobierno, Valencia pudo llegar a la delegación más grande —y políticamente más importante— de la capital, con la intención de convertirla en su Caballo de Troya dentro del PRD para tejer hacia el futuro.

Tanto Marcelo como Valencia daban por hecho que contarían con el apoyo de Miguel Ángel Mancera y que desde ahí podrían crecer en la ciudad, pero lo cierto es que la relación entre el jefe de Gobierno y su antecesor no es precisamente la mejor.

Y como Iztapalapa es un bocado muy apetitoso, aunado a que no se la dejarán tan fácil al actual delegado ni a su ex jefe, la estadía de Valencia en esa silla no ha sido lo cómoda que esperaba.

Primero, porque no ha podido unificar los intereses de tantas tribus que pululan en busca del poder en la zona y, segundo, porque a leguas se ve que su camino seguirá estando lleno de piedras, sobre todo de la gente de adentro.

Un ejemplo fue la negativa a la autorización de su nueva estructura delegacional, con la que Valencia pretendía ampliarse. En casi todas las demás demarcaciones ese trámite pasó; no así en Iztapalapa, donde a nadie del centro entusiasmó el proyecto.

Ni la Contraloría ni Finanzas, y mucho menos la Consejería Jurídica del GDF, se pusieron de acuerdo para publicar oportunamente en la Gaceta Oficial la nueva estructura y su amigo Serrano no lo pudo ayudar; sin este requisito no se puede operar.

La relación de Valencia con El Zócalo no siempre fue así, pues al principio le dieron el beneficio de la duda, pero hace unos meses quiso jalar a los jefes delegacionales para llevar agua al molino de Ebrard en la defensa contra la reforma energética y ahí perdió el apoyo.

Desde entonces le cayó el hielo de Mancera y no se lo ha podido quitar, sin contar con la presión de las otras tribus que ven en esa coyuntura un flanco por dónde atacar en busca de la jefatura delegacional en 2015.

Si bien en las pasadas elecciones vecinales la alianza que hizo con los hermanos Efraín y Carlos Morales le dieron la mayoría, los diputados traen su propia jugada y, sin ellos, su influencia decae, por lo que dicen que ahora busca aliarse con Aleida Alavés, aunque no sea muy fuerte.

Ahí quien domina el territorio y tiene las simpatías de Mancera es la diputada Dione Anguiano, quien con el apoyo del grupo de su esposo, Alfredo Hernández Raigosa, será el equipo a vencer en dos años.

Otro recargón que acaba de recibir Valencia es el anuncio del jefe de Gobierno de que el año entrante iniciará la construcción de una sede del Museo del Papalote en Iztapalapa, que seguramente será un éxito y en la que no está incluido el delegado.

Con ese hielo y el hoyo en el que cayó Ebrard, con suerte y Valencia alcanza a llegar en dos años como diputado a la Asamblea Legislativa.

CENTAVITOS… Dicen las malas lenguas que, cansado de tantos ataques en su contra, el diputado Adolfo Orive saldrá hoy a aclarar paradas en el asunto de las becas educativas que instauró Alejandra Barrales en la anterior legislatura de la ALDF y que han resultado todo un fraude. El diputado petista puede poner el ventilador en el lodo y embarrar a varios de los responsables del atraco, por lo que habrá que estar atentos… Parece que hoy sí habrá reunión entre los diputados progresistas del PRD capitalino y Mancera, que originalmente iba a ser el lunes; otro asunto del que habrá que estar pendientes… claro, además del juego de México contra Nueva Zelanda.

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