De ensueño.
De foro.
De cuento.
Todos los besos son besos mientras no sean de demanda.
Bienvenidos sean mis sensuales fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.
Si hay algo que a mí me maravilla son los besos. Desde los finales de cuento cuando era niña hasta la emoción de ese primero que resultó ser todo menos lo que me contaban las amigas. Los besos son el momento final en toda historia ficticia de amor y el inicio de toda historia real de amor.
Podremos sostener un flirteo de miradas, un ingenioso coqueteo por WhatsApp, incluso bailar acalorados en la pista y hasta fantasear con el o la protagonista de nuestra cita, pero para mí, el momento decisivo de si habrá o no manera de algo más es ese beso. El esperado y sorpresivo primer beso. Cómo se dé, cómo te sepa y cómo te sientas con ese íntimo momento, en mi experiencia, decide si vendrán otros o de plano ahí la dejamos.
Porque una puede dejarse apantallar por la galantería, la percha y la conquista, pero cuando ambos alientos rompen en un beso, ahí no hay con qué “tiene bonita letra” o “estudió un doctorado”; es más, lo guapo o guapa se nubla al cerrar los ojitos. Ahí la química y la física toman las riendas de dos corazones desbocados y revisan las agendas de la próxima besuqueada, digo, de la próxima cita.
Me ha pasado que el galán bajo el muérdago de mis expectativas resulta un “arlequín de piel sin alma”, como cantaría El Puma, y después del desencanto, agradezco la velada y bloqueo el número. Imagino que yo no soy piquito de oro y a lo mejor también he quedado a deber. Pero en lo que sí tengo certeza es en esa idea de que los actores y actrices no dicen toda la verdad cuando aseguran que los besos de telenovela no se sienten.
“A otro perro con ese hueso” (esta frase se la robo a
Gustavo Adolfo Infante), eso no me lo creo. Hace muchos pero muchos años llegué a pedir besos a actores en aras de dizque actuar una escena de telenovela. No voy a detallar, pero sí admito que, con o sin sentimiento, un piquito es un picorete. La nota era en tono comedia, la reportera listilla que pedía besitos para su gran investigación y, previo a eso, los famosos acordaron colaborar con un kiss chiquis chiquis y ya, no vayan ustedes a creer otra cosa; aun así, entre “los colaboradores” fueron Arturo Peniche y el cantante Juanes quienes me dejaron un grato... sabor de boca.
Tiempo después fue la mismísima Thalía quien reconoció a Peniche como un gran besador cuando María Mercedes en 1992. Nadie se lo discute. Hace días Cynthia Klitbo relataba cómo fue que, durante la grabación de Alguna vez tendremos alas, su corazón quedó prendido de Alberto Estrella, que sus besos la hacían sentir cosas de “chava” y hasta se le declaró al compañero de foro.
En De primera mano yo le pregunté a Cecilia Tijerina quién había sido su mejor beso de telenovela y, sin vacilar, respondió que Diego Schoening; con razón el chaparrito enamoró a las más chulas de su tiempo cuando ¡uoooo uuuooooo, uhoooo uuuuhhhooo!
Nadie a ti te conoce
desplantes de niña
peleas, discusión y tu grande pasión...
Bueno, hablando de tiempos, los de besos robados ya superpasaron; los que se creen románticos pueden terminar en el bote si babean a alguien a la fuerza. Según el artículo 260 del Código Penal Federal, un beso a la fuerza puede ser tipificado como acoso o abuso sexual.
Y no sólo ellos, ellas también se pasan de mandadas. Anda muy viral un video de cuando a la actriz Nikita Rawal una fan se la besuquea sin su consentimiento durante la primera edición de los Bright OTT and Style Awards; el video, que ya le dio la vuelta al mundo, muestra cómo una mujer se acerca a la estrella de Bollywood y, luego de un beso en la mejilla, se va contra su boca contra la voluntad de Nikita. La repulsión es evidente y abre la conversación una vez más: no por ser famosos están dispuestos.
Un Enrique Iglesias que se da tremendos besos con sus fans, un Vicente Fernández que también repartía besos y recibía tragos en los palenques son acuerdos entre fans y artista, pero no todos le entran y no tienen por qué.
Al final, un beso, actuado o no, debe verse y sentirse bonito. ¡Qué padre que una Lucía Méndez siga recordando los besos de novela de Eduardo Yáñez! ¡Que los besos entre Lalo Santamarina y Mayrín Villanueva fueran el inicio de un matrimonio real! ¡Que el Bésame mucho de Consuelito Velázquez haya sido grabado en todos los idiomas y por los más grandes de la música!
Como si fuera esta noche
la última vez... bésame, bésame mucho
que tengo miedo tenerte y perderte después...
Creo que hay cosas muy tristes en el universo de los besos: que si son actuados tu compañero sólo recuerde que ese día los pediste con cebolla; que si son reales hayan sido el debut y despedida; y que si son de show se limpien la boca como hizo Drake con el besote de Madonna en Coachella.
¡¡¡Aaaaah no!!! Tengo otro beso aún más triste. Todos recordamos el beso de Madonna con Britney Spears aquel 28 de agosto del 2003. Pero ¿el beso que se dieron Madonna y Christina Aguilera después? Nadie lo vio, nadie lo recuerda... Fue tanto el impacto de Madonna con Britney que las cámaras corrieron a ver la cara de Justin Timberlake, quien no cabía de asombro. El segundo no figuró. ¡Lástima de beso! Esto confirma mi teoría: el primero es el que cuenta.
