Julio en enero

El cantante se adelantó a los memes del séptimo mes, pero el escándalo dista mucho de dar risa.

Addis Tuñón

Addis Tuñón

El fama-sutra

Bienvenidos, mis sensuales famalovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.

Conocí en persona al cantante más emblemático de España en 2017. Promovía su disco México y ofreció entrevistas “uno a uno” en el salón de un exclusivo hotel de Polanco.

Vi llegar a los comunicadores más importantes del país; me sentí halagada de saberme parte de la lista. Esa tarde vi a un casanova evidentemente mermado. El atuendo blanco incorrupto hacía juego con su sonrisa y parecía ganar el protagonismo a un hombre que alguna vez había sido irresistible y ahora parecía fingir presencia. Pero la verdad es que no. El latin lover lucía enfermo.

La denuncia pública contra Julio Iglesias sobre un presunto abuso sexual contra dos de sus empleadas ha cimbrado al medio del espectáculo. De un momento a otro, el cantante de bronceado excesivo ya no era el de los memes de julio, sino un presunto abusador.

En una entrevista que hace la comunicadora Nuria Piera, de República Dominicana, a Ignacio

Escolar, director de elDiario.es, quien diera a conocer la investigación junto con la cadena UnivisiOn, el periodista no solo confirmó que, en efecto, éste es el resultado de una investigación exhaustiva, sino que hay pruebas muy fuertes contra Julio Iglesias.

Se dice que son 15 testimonios, de los cuales sólo dos mujeres decidieron hablar y denunciaron. Ignacio reveló que las acusaciones son veraces y que tienen pruebas. Que hay un modus operandi y que esto apenas está por estallar. Que las empleadas eran elegidas por su físico y la prueba a la que las sometía no era de aptitudes, sino ginecológicas.

El periodista detalló que las empleadas debían salir negativas a exámenes de transmisión sexual. Otro requisito indignante es que las chicas no tuvieran mucha preparación académica. Eso me enchinó la piel. Si, en efecto, las mujeres acudieron a la misma clínica que el cantante contrató para dichos exámenes, debe existir un registro; mismo que se presume ya es parte de la investigación y, de ser así, sería prueba contundente. No existe argumento o justificación creíble ni legal para que empleador alguno pueda explicar por qué sometió a sus candidatas a exámenes sobre su salud sexual.

A mí se me hace atole el hígado cuando la reacción ante esto dirige sus cuestionamientos a las presuntas víctimas. ¿No son ellas quienes tienen que explicar por qué accedieron?, ¿por qué no corrieron?, ¿por qué hasta ahora?... por favor, si no lo comprenden, felicidades: opinan desde el privilegio de no haberlo vivido.

Pero hay yugos que el hambre tolera, gritos ahogados que tardan en hacerse escuchar.

¿Qué pasa con Julio?, ¿por qué no intentó parar el escándalo a tiempo? Ignacio Escolar señaló que 11 días antes de “soltar la bomba” anticiparon a su equipo lo que venía y la respuesta fue el silencio.

 

No les cayó de sorpresa

Mientras unos en España señalan que es una cortina de humo y que hay intereses políticos, otros (o mejor dicho, otras) salen en su defensa. Las mismas que él besuqueaba a la fuerza le llaman “caballero”, pero una vez más lo pienso: ellas no están ni deben estar en el banquillo de la crítica. Si no se asumen víctimas, si lo normalizaron y lo normalizan aún ahora, no son ellas las denunciadas; son parte de una situación que indigna, claro, apenas ahora.

En el 86 un mayordomo exhibió los excesos del cantante, en 2016 una ex reveló las humillaciones y violencia vividas al lado del cantante. Fueron dos libros: Soy un truhan, soy un señor  y Muñeca de trapo; sin embargo, no le hicieron ni cosquillas a la carrera de Iglesias.

¿Será que esta vez las voces de las supuestas víctimas resuenen más que los éxitos del ídolo? Empiezo a creer que sí. Por lo pronto, Julio Iglesias saltó de la cima a los memes, y de los memes a las primeras planas de muchos medios internacionales.