Itati Cantoral, Juicio a una zorra y ovación a una actriz

Addis Tuñón

Addis Tuñón

El fama-sutra

Bienvenidos sean, mis sensuales fama lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.

No sé si les pasa; en mis tiempos se era flojo, ahora se procrastina. Tardé rato en entender ese concepto, así como me ha pasado con las coreografías o mentados challenges de TikTok; las medio logro bailar ya que dejaron de ser trend. Sin embargo, caigo fácilmente en la trampa del dedito índice que, al terminar un reel, se mueve hacia arriba de la pantalla en el celular para ir por otro, y otro, y otro. Así mero se me pueden ir las horas o minutos que tengo comprometidos para hacer otras cosas. Entre ellas, mi amado Fama-Sutra.

Yo me admiro de los colegas que, mientras está aconteciendo el evento, tienen un ojo al gato y otro al garabato. De forma magistral hacen la reseña al momento. Lo vi en el concierto del gran Raphael; mientras el intérprete parecía hacer de nuestras miradas marionetas que seguían el capricho de sus desplantes, a dos butacas de mí, Rodolfo Monroy, colega de este diario, registraba todo en una nota excelsa.

“¡Los amo tan, tanto!”, exclamaba el Divo de Linares, arrancándonos las de cocodrilo. Y al otro día, aquí mismo en la sección de Función, es la portada. A Rodolfo no se le va nada. No le pasa como a mí, que de un renglón a otro el plan de hipnosis a 75% de descuento o la historia del perrito rescatado secuestran mi atención. Por cierto, qué bonito que los “cuatro patitas” llamados “caramelo” sean reconocidos como mestizos mexicanos; a ver si así los tratamos mejor.

¿Ven? ¿Ven? Aquí estoy divagando de nuevo. Pongo mi celular detrás de la lap para enfocarme en lo que sí vengo a compartirles. ¿Aman el teatro? Si la respuesta es sí, les invito a que desde ahora, ¡desde ya!, reserven su lugar para presenciar el monólogo Juicio a una zorra.

Itatí Cantoral encarna a Helena de Troya en un monólogo de más de 50 minutos en los que, créanme, respiraremos quedito. Dando por sentado que la mayoría pasamos ya por la educación secundaria, y la consigna de resumir clásicos como La Ilíada y La Odisea tal vez nos significan un recuerdo abrumador, les anticipo que aquí Helena es toda una rebelde.

Haremos todo menos aburrirnos. Si fuimos aplicados en la clase de literatura, reconoceremos nombres y momentos; si no, también entenderemos las razones de una mujer a quien mítica y literalmente se le tachó de zorra.

Itatí, en un trabajo que supera a los anteriores por más imposible que parezca, demuestra un dominio absoluto del escenario, una destreza digna de veinteañera y un nivel histriónico que merecemos vivir si estamos abiertos a sentir.

“Ardió Troya” es una frase popular, ¿verdad? Pues esta Helena es el fuego que se aviva a cada sorbo de vino y se consume en la sal de sus lágrimas. La primera obra de teatro que vi en mi vida fue en mi amada Chihuahua; era el Teatro de los Héroes y logré escabullirme fingiendo ser acomodadora. Tenía 12 años, pero parecía mayor.

Cuando vi esa versión local de El diluvio que viene, me sentí eufórica. Desde entonces ha sido el teatro la fuente más noble y amada por mi niña de 12 años. Con esto quiero compartirles que en una escena de Juicio a una zorra me sucedió lo que ni Héctor Bonilla logró en Yo soy mi propia esposa.

Cuando Helena recibe el cuerpo de Paris, que es el punto de quiebre en la obra, mi butaca estaba frente a ella y tuve que cerrar mis ojos en respeto a su llanto. No la pude ver; simplemente no pude ver lo que mi corazón sentía junto a Helena.

Así de intensa, así de magnánima.

Quedan dos viernes, sólo dos, para que enjuicien a Helena de Troya y para que aclamen a Itatí, ¡Itatí del mundo!