Cristian Castro, el gallito que hizo kikiriki

Addis Tuñón

Addis Tuñón

El fama-sutra

Bienvenidos sean, mis sensuales fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.

Hoy les escribo mientras veo tutoriales de cómo elegir un jacuzzi con las tres B. Me da risa lo estresante que es la búsqueda de algo relajante.

Y si de situaciones estresantes se trata, quiero iniciar este Fama-Sutra confiándoles lo que no se dijo en De primera mano sobre mi vínculo con Cristian Castro. Primero les cuento lo que sí se dijo... y no fui yo. Eran las dos de la tarde. En la junta previa al programa, nuestra jefa de información, Marychuy Candedo, nos confirmó la videollamada que Cristian tendría con nosotros. El programa transcurrió como siempre y, cuando el Gallito feliz se conectó, iniciamos la entrevista.  

Yo tenía años, de verdad, años sin hablar con él. Creo que el mismo tiempo que llevo de casada; por lo tanto, no anticipé que Cristian hiciera público su reclamo hacia mi persona. De la nada, el cantante reveló que en otro tiempo él y yo pudimos formalizar una relación romántica, pero para mí fue más importante conservar mi trabajo, lo que le significó una frustración que no quiso ocultar. Imaginarán mi cara cuando, al aire, Cristian Castro dio más detalles de los que yo había confiado a mis compañeros. Hace unos meses, cuando el cantante había terminado con Mariela y se le vio con otra chica —que era, por cierto, su fan— jugando futbol allá en Argentina, yo dije que estuve a poco de salir con él. A estas alturas es claro que no conté todo y mi intención no fue alardear. Lo que expresé fue en aras de sustentar mi opinión sobre lo que creo: que es un personaje hábilmente construido por él para ocultar su verdadera personalidad. Y sí, en ese momento externé mi punto de vista sin ahondar en detalles.  

En estas décadas que llevo cubriendo la fuente de espectáculos, mi opinión es que me faltan dedos de las manos y de los pies para enumerar a las y los famosos que iniciaron figurando como “la novia de” o “el galán de”. Algunos de esos personajes pudieron capitalizar el interés público para luego sostenerse en el medio por sus otras habilidades, me refiero a las artísticas; pero otros y otras, la verdad, es que sólo son entrevistables si hablan de su romance, a veces de horas, con alguna celebridad.  

Era el año 2001 cuando conocí a la novia de Juan Ferrara, una joven de carita dulce y vestido azul turquesa: era Aleida Núñez. Era la primavera de 2004; una mujer impactante por su físico atlético y su sensualidad, sólo comparable con Niurka, debutaba en la película Mi verdad. Sólo de recordarlo me da risa. Esta biografía patrocinada, dirigida, escrita y producida por su protagonista era como la cereza en un pastel de desafortunados ingredientes: el despecho, la venganza y la falta de asesoría mediática. Para entonces, el productor de telenovelas y ex de la cubana nos había hecho corretear a cuanta dama iluminaba con los reflectores de la controversia. Pero Lis Vega, con quien no tuvo romance, fue la ganona del papel estelar.  

Niurka, a su vez, ha dejado un amplio legado de ex en el medio: desde Bobby Larios, Yanixán, Juan Vidal, etcétera; figurines que sólo acaparan micrófonos si hablan de ella. Y así están las ex de Luismi, los ex de Lupita D’Alessio, las ex de Cristian... Por más extraño que resulte, en el ambiente artístico muchas carreras iniciaron o se sostienen por su otrora relación sentimental. No les voy a negar, es más, les confieso la neta: sí he tenido onditas con muy famosos. No crean que arrasé con el gremio, para nada; son menos de tres y más de uno. Sin dar pistas, admito que fueron historias bellas, reales y no casuales, pero por la gran fama de ellos, mi petición y el común acuerdo fue preservar el secreto. Alguna vez nos enlazamos con uno y mantuvimos las formas de manera estoica.  

Sin embargo, la locuacidad de Cristian es a prueba de acuerdos. Él es así: su corazón se asoma por las rendijas de su boca y es impredecible. ¡Ah, qué mi Gallito! Qué manera la suya de sacarme del corral... digo, del clóset. Ahí estaba yo, en vivo, tratando de mantenerme impávida sin lograrlo.  

¿Lamento no habérmela jugado cuando su gira por toda Sudamérica me guiñaba el ojo? No lo sé... Si yo hubiera hecho pública esa o las otras situaciones, desde entonces habría sido conocida como “la novia de Cristian” o “la ex de tal o cual”. Los romances hubieran durado poco y la controversia mucho. Tal vez me hubieran dado un mejor contrato o capaz que ni vuelvo a partirme el lomo reporteando, pero elegí el camino sin atajos... y sin él.  

Aprovecho esta reflexión para testificar, ahora sí como alguien que lo conoce bajo el escenario y lejos de las cámaras, que Cristian no es todo lo que muestra o, mejor dicho, es mucho más que eso. Posee una esencia encantadora y un ingenio agudo y atrayente. Creo, con el permiso que me da haberme visto expuesta por él, que Cristian juega con un amigo imaginario que se llama “Ridículo”. El mundo lo juzga, pero Cristian y su amado “Ridículo” se la pasan bomba.  

Cambiando de tema, Vadhir Derbez sigue en la boca de todos. Es de esperarse que, ante la ausencia de novedades respecto a la denuncia en su contra por presunto abuso sexual y la acusación de él por presunta extorsión, surjan todo tipo de especulaciones. 

Desde que “ya compramos el expediente” o que “ya se giró orden de aprehensión”, hasta que la presunta víctima huyó del país; incluso lectura de cartas me han mandado dando un veredicto contundente sobre el caso.  

La verdad es que, al momento de esta entrega, no había sucedido nada que ameritara informarse. Según mis indagaciones, los resultados de los exámenes psicológicos y socioeconómicos a los que la parte acusante se sometió están por salir, y lo esperable es que Vadhir sea citado para las diligencias correspondientes. Respecto a esto, me quedo con la respuesta de Vadhir: él dijo que se sentía tranquilo.  

Deseo que tengan una bonita semana y recuerden: si los caballeros no tienen memoria, las damas sí tenemos olvido.