El reporte de la OMC y el futuro del comercio internacional

Abel Mejía Cosenza

Abel Mejía Cosenza

Trompe L'Oeil.

Hace algunos días, la Organización Mundial del Comercio (OMC) publicó el Informe sobre el Comercio Mundial 2026. Parece que su mensaje es que, a pesar de todo, el comercio internacional sobrevive a los vaivenes del reacomodo geopolítico actual.

Adam Smith, considerado por muchos como el padre de la economía moderna, aconsejaba no fabricar en casa aquello que resultaba más barato comprar. No obstante, parece que, hoy, algunos gobiernos creen en una fórmula completamente opuesta y la adoptan, pues puede resultar muy rentable desde el punto de vista político-electoral: obligarnos a comprar más caro y presentar la diferencia como una contribución al orgullo nacional. 

En su informe, la OMC señala, por un lado, que el comercio internacional resiste guerras y aranceles en el corto plazo y sigue creciendo; por otro, advierte que desmantelar sus reglas reduciría nuestra prosperidad en el largo plazo.

El 8 de octubre, el organismo elevó su previsión de crecimiento del volumen del comercio de mercancías para 2026 de 1.9 a 3.9% y anticipó un crecimiento de 4.1% para 2027. Al entrar en mayor detalle, el informe muestra que la inteligencia artificial explica gran parte de esa resistencia. Esto parecería una buena noticia en sí misma, pero debemos tener claro que el dinamismo del sector tecnológico no garantiza la salud del resto del sistema.

En el largo plazo, el informe refleja un horizonte diferente: 2050. En un mundo dividido en bloques geopolíticos, muestra que el PIB sería 5.1% inferior y las exportaciones 18.6% menores respecto de un escenario de multilateralismo institucional. Por el contrario, indica que fortalecer la cooperación internacional elevaría el PIB 2.9% y las exportaciones 17.9%.

Ahora bien, es importante precisar que éstos son escenarios hipotéticos, no caídas anuales ni pérdidas consumadas, por lo que el destino aún no está escrito y dependerá de lo que suceda en los próximos años.

La advertencia es importante para México: los tratados bilaterales o trilaterales no sustituyen íntegramente un sistema global. Una empresa puede tener acceso preferencial a su cliente al amparo de uno de estos tratados y, al mismo tiempo, sufrir barreras para comprar componentes de terceros países con los que no se tienen dichos acuerdos. En otras palabras, tener reservación en la mesa VIP no necesariamente protege del incendio del restaurante.

La erosión del comercio tiene una medida: alrededor de 72% del comercio mundial de mercancías aún opera bajo las condiciones arancelarias de nación más favorecida previstas por la Organización Mundial del Comercio, frente a aproximadamente 80% en 2022. Esto representa una caída de más de 10% en las operaciones que se benefician de reglas que buscan evitar discriminaciones entre socios. El debilitamiento del uso del marco institucional complica la planeación empresarial internacional.

Por ejemplo, un proveedor mexicano necesita tecnología, componentes y entregas puntuales. La incertidumbre arancelaria puede elevar los inventarios, exigir más capital de trabajo y posponer inversiones. La cercanía con Estados Unidos, nuestro mercado de exportación más importante, claramente ayuda, pero perder el acceso a insumos y maquinaria de otras jurisdicciones a precios competitivos puede mermar significativamente esa ventaja.

México debe defender tanto el T-MEC como las reglas multilaterales. Confundir la resistencia del comercio ante la tormenta coyuntural con la resiliencia frente a los efectos negativos estructurales de una disrupción permanente del orden institucional internacional puede ser un error que nos cueste caro.

Platiquemos en @MrMejiaCosenza.

PA’L GORDITO... en la Roma, CDMX, hay que ir a los Cariñito Tacos, menú compacto de tacos fusión asiática, pero todo de chupetón de dedo, irreal el lugar.