¡Serena, Morena!
En sus discursos de siempre, López Obrador habla como un predicador y no como un político, mucho menos como un hombre de Estado.
Hace un par de días, el Congreso Nacional del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) aprobó sus estatutos y declaración de principios. Asimismo, eligió a sus consejeros nacionales y, ¡vaya sorpresa!, el máximo líder del movimiento es, nada más y nada menos, que Andrés Manuel López Obrador, quien antes fue priista, luego perredista y ahora es, pues, morenista. Al respecto, valen algunos comentarios.
Ante el Congreso en cuestión, AMLO enfatizó que en Morena no caben el influyentismo, el oportunismo ni el individualismo. Esto resulta un poco confuso, por no decir cínico, puesto que López Obrador siempre ha ejercido o ha sido favorecido por el influyentismo. Igualmente, si en la política mexicana hay alguien que ha sacado provecho del oportunismo, es precisamente Andrés Manuel. Además, si de individualismos se trata, ¿ha habido en los últimos sexenios uno más aplastante que el de López Obrador?
Según los principios de Morena, sus militantes sólo podrán acceder a cargos de elección popular un número limitado de veces. ¿Sucederá lo mismo con la cantidad de candidaturas a dichos cargos que cada miembro del partido ostente? Pregunto esto porque no es lo mismo acceder a una posición mediante elecciones a ser candidato a dicha posición. Así, por ejemplo, supongo que, porque así lo marca nuestra Constitución, quienes militan en Morena sólo podrán ser presidente de la República en una ocasión, pero, ¿cuántas veces estarán en posibilidades de ser candidatos a presidente? En concreto, ¿en cuántas oportunidades será López Obrador candidato de Morena a la Presidencia? ¿Una, dos, hasta que el cuerpo aguante?
Dice AMLO que la fundación de Morena como partido representa una paradoja, pues, por un lado, la ciudadanía duda de los partidos y, por el otro, los miembros de Morena votaron a favor de que el movimiento se constituyera en, precisamente, un partido. La solución a esta contradicción radica, según López Obrador, en que la gente espera que Morena sea diferente. Puede ser. Sin embargo, ofrezco otra hipótesis: el “noble” pueblo, la gente “buena” —esa que, supuestamente, siempre está con López Obrador— entiende que, nobleza aparte, si no se es partido no hay recursos ni oportunidades de acceder a posiciones de poder. Por eso quieren un partido y que sea “suyo”, es decir, que los frutos que de éste emanen no tengan que ser repartidos con tribus de ningún tipo, como ocurría en el PRD.
Otra duda que me surge en torno a Morena es si será un partido político o un nuevo culto formado alrededor de un individuo, es decir, AMLO. ¿Por qué traigo esto a colación? Porque en sus discursos de siempre, los cuales constituyen la bandera de Morena, López Obrador habla como un predicador y no como un político, mucho menos como un hombre de Estado. Por ejemplo, constantemente enfatiza la honradez, la virtud, la bondad y la alegría (cualidades todas ellas en él encarnadas, obvio).
No quiero decir que no sería bueno que la clase política, toda, se comportara virtuosamente, pero, dentro de Morena, ¿quién decidirá quiénes son los virtuosos, los bondadosos? Igualmente, ¿qué pasa con los seguidores de AMLO? ¿Qué les ocurre? ¿Por qué son incapaces de siquiera cuestionar a quien habla de democracia, pero siempre quiere ser él el candidato, habla de honradez, pero no gobernó el DF con transparencia, habla de virtud, pero ni siquiera sabe perder una elección en la que el ganador le aventajó con millones de votos, dice “no” a los individualismos, pero por su santa mano, y sólo por su santa mano, quienes cometieron el “pecado” de ser priistas son absueltos del mismo, como Manuel Bartlett? Lo dicho: pareciera que se trata de un culto y no de un partido.
Ahí viene, pues, Morena: otro partidito al que habrá que darle recursos para que, además, con esos mismos, intente reventar el sistema pues, según los morenos, éste está lleno de mafiosos. Sólo queda algo por hacer: en las siguientes elecciones, con nuestros votos, seamos claros y contundentes: digamos: “¡Serena, Morena!”
Twitter: @aromanzozaya
