A la espera de nuevos estímulos monetarios en EU
- La desocupación se mantiene arriba de 8% y aun los pronósticos optimistas la ubican en no menos de 7.0% para finales de 2013.
A diferencia de la mayoría de los bancos centrales del mundo que tienen como su único mandato la estabilidad de la moneda, el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) persigue dos objetivos: preservar la estabilidad de los precios y lograr condiciones de pleno empleo en la economía. Este doble mandato no en pocas ocasiones le ha significado incurrir en serios conflictos de interés, ya que por lo general son irreconciliables. La evidencia ha dejado en claro que la política monetaria no tiene ventaja comparativa, salvo en el corto plazo y a costos elevados, para estimular variables reales como la producción y el empleo.
Sin embargo, la gravedad de la crisis sufrida en 2008-2009 (algunos la denominan la “gran recesión”), cuyas consecuencias todavía se resienten, llevaron a la Fed a la adopción de una política monetaria acomodaticia, con el uso de herramientas no convencionales, como no se había visto con anterioridad. No sólo las tasas de interés se llevaron a prácticamente 0% (se espera que se mantenga en ese nivel hasta finales de 2014), sino que la hoja de balance de la institución se multiplicó de manera sorprendente. La ausencia de presiones inflacionarias, por la fuerte caída de la demanda agregada y la abundante disponibilidad de recursos ociosos, dieron el marco propicio para un relajamiento de la política del banco central.
Sin embargo, no obstante que la economía salió de la recesión hace tres años (a mediados de 2009), no se aprecian avances significativos en el objetivo de la Fed de encaminarse al pleno empleo: la tasa de desocupación se mantiene en niveles por arriba de 8% y aun los pronósticos más optimistas la ubican en no menos de 7.0% para finales del próximo año. Por su parte, la inflación tiende a ubicarse por debajo de 2.0%, nivel que le resulta confortable a la institución (la Fed la estima para este año entre 1.2% y 1.7%).
Los datos de generación de empleos de los últimos meses han sido francamente decepcionantes: en el segundo trimestre se generaron solamente 225 mil puestos de trabajo, una cifra inferior al millón si se anualiza. De continuar a ese ritmo, lo que sería inaceptable, tomaría más de cinco años cubrir los empleos que se perdieron durante la crisis, sin considerar el aumento de la fuerza laboral.
Otras variables dan cuenta también de un debilitamiento de la actividad económica en el transcurso del año. Indicadores anticipados, como los ISM Manufacturero y No Manufacturero de junio, reflejan un menor crecimiento de la economía: el primero se ubicó, lo que no ocurría desde julio de 2009, en un nivel por debajo de las 50 unidades (49.7 puntos), umbral que distingue entre contracción y expansión; y el segundo cayó 1.8 puntos para ubicarse en 52.1 unidades. Las ventas minoristas cayeron en junio en 0.5% para acumular tres meses de caída. Igual ocurre con los índices de confianza del consumidor del Conference Board y Universidad de Michigan al sumar cuatro y dos meses consecutivos de descenso (en el caso de este último, su nivel fue el menor desde diciembre del año anterior).
En este entorno de debilidad económica y muy baja inflación, no se descarta la posibilidad de nuevos estímulos de la Fed, quizá no para la próxima reunión de su Comité de Mercado Abierto de principios de agosto, pero sí para septiembre u octubre. Los mercados parecen anticiparlo por lo bajo de las tasas de interés de largo plazo y la evolución de las bolsas de valores. De darse nuevos estímulos, actualmente está vigente la denominada Operación Twist (intercambio de deuda de corto por deuda de largo plazo), la herramienta más eficiente sería la compra de papel de largo plazo, un QE3 que favorezca bajos costos crediticios y condiciones financieras más acomodaticias.
Aunque las circunstancias eran distintas con los anteriores QE1 y QE2, ya que cuando el primero había un profundo deterioro de la actividad económica y de los mercados financieros (finales de 2008) y cuando el segundo persistía el temor de deflación (finales de 2010), en la actualidad la abundante información sobre la pérdida de impulso de la economía, con riesgos elevados, como el desfavorable entorno internacional y la posibilidad de una política fiscal más restrictiva a partir del próximo año, hacen altamente factible la adopción de una nueva ronda de estímulos monetarios.
En el caso de nuestro país, la volatilidad del tipo de cambio y el reciente repunte de la inflación harán difícil para el Banco de México modificar el sesgo acomodaticio de su política monetaria. Por lo tanto, es previsible, salvo la posibilidad de una apreciación pronunciada del peso a consecuencia de los estímulos en EU, que la tasa de fondeo se mantenga en su nivel de 4.50% y que las tasas de largo plazo continúen en mínimos históricos.
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