Crecimiento moderado con una evolución favorable de los mercados en la segunda parte del año
Las cifras sobre el comportamiento de la economía en el primer semestre del año dan cuenta de un desempeño mejor al que se tenía previsto: El PIB creció en eneromarzo en 4.6% a tasa anual en términos reales e inició el segundo trimestre con un crecimiento muy similar ...
Las cifras sobre el comportamiento de la economía en el primer semestre del año dan cuenta de un desempeño mejor al que se tenía previsto: El PIB creció en enero-marzo en 4.6% a tasa anual en términos reales e inició el segundo trimestre con un crecimiento muy similar (en abril el IGAE se elevó en 4.7%). De lograrse en mayo y junio incrementos por arriba de 4.0%, lo que se anticipa probable, el crecimiento del año sería de alrededor de esa última cifra, lo que significaría para julio-diciembre un crecimiento anual promedio de 3.5 por ciento.
La menor dinámica esperada en la segunda parte del año resulta del complejo entorno global. Europa lucha por resolver su crisis financiera (bancaria y de deuda) y por evitar que se profundice la recesión en la que ahora se encuentra. Aun y cuando se han adoptado medidas en la dirección correcta, como el segundo paquete de rescate a Grecia, el apoyo comprometido a los bancos españoles, una política monetaria más acomodaticia del Banco Central Europeo y otras como la constitución de un mecanismo único de supervisión bancaria y la posibilidad de que el Mecanismo de Estabilización Europeo (MEDE) adquiera deuda soberana, la problemática de la región del euro dista de resolverse. Las posiciones encontradas entre endurecer o flexibilizar las políticas de ajuste para la región, limitan las posibilidades de avance. No estaremos exentos de nuevas sacudidas en los mercados financieros, con brotes de incertidumbre y mayor aversión al riesgo. La volatilidad será una constante que habrá que tener presente.
La desaceleración de la actividad económica en Estados Unidos, con un alto nivel de desempleo (arriba de 8.0%) y una inflación que tiende a ubicarse por debajo de los niveles objetivo del Banco de la Reserva Federal (alrededor de 2.0%), le restará también impulso al crecimiento de México, no obstante que en ese país pudieran adoptarse estímulos monetarios adicionales para reactivar la economía. Los resultados de un relajamiento monetario adicional (QE3) no serían inmediatos y pudieran combinarse con una política fiscal más restrictiva a partir del próximo año.
Sin embargo, pese al menor dinamismo que pudiera tener la economía mexicana en los próximos meses, su crecimiento es ahora más equilibrado. Después de que la demanda externa fue el principal factor de impulso para salir de la recesión, con un fuerte jalón de las exportaciones manufactureras, ahora la demanda interna contribuye mayormente al crecimiento de la economía. La relativa baja dependencia del país con respecto a Asia-Pacífico y Europa y a la producción y exportación de materias primas, salvo el petróleo que contribuye con menos de 10% de las exportaciones totales y sobre el que hay todavía margen de maniobra, nos coloca en una situación de privilegio entre las economías emergentes, en su mayoría en un proceso de desaceleración pronunciada.
El gasto de consumo se ha visto favorecido en los últimos meses por factores como el mayor nivel de empleo en el mercado formal, el incremento de la masa salarial real, la expansión del crédito al consumo, las mayores remesas del exterior y la mejoría en la confianza de los hogares. Por su parte, la inversión se expande a un mayor ritmo, no sólo por el mayor dinamismo del gasto público, sino por el mejor ánimo empresarial. Las exportaciones no petroleras seguirán con un dinamismo anual vigoroso, aunque en el margen (variaciones mensuales) comienzan a debilitarse, lo que se espera continúe, por la del menor crecimiento en Estados Unidos.
Los mercados financieros descuentan un desempeño positivo de la economía mexicana, mejor al de otras emergentes, como Brasil, nuestro rival más próximo en América Latina y resultados favorables de las empresas para el segundo trimestre del año, los cuales están a punto de conocerse. En las últimas semanas, la bolsa, con una evolución favorable, parece haberse desligado del comportamiento de sus pares en EU y las tasas de interés de largo plazo, no obstante el repunte reciente de la inflación, se ubica en niveles mínimos históricos, como resultado de la mayor demanda de papel de inversionistas institucionales nacionales y extranjeros. Por su parte, el tipo de cambio se ha apreciado en las últimas semanas y reporta un comportamiento menos volátil.
A lo anterior habría que sumar que, de lograrse un acuerdo entre la actual administración y quienes muy probablemente encabezarán el siguiente gobierno (falta la validación de la elección por parte del Tribunal Federal Electoral) para empujar con la nueva Legislatura en el Congreso la aprobación de alguna o algunas reformas estructurales, como pudieran ser la laboral, fiscal o energética, los mercados seguirían y muy probablemente reforzarían su actual tendencia ascendente, más cuando se sabe que su aprobación pudiera ensanchar la capacidad de crecimiento potencial de la economía mexicana en el largo plazo.
Por supuesto que siguen presentes los imponderables externos, sobre todo el riesgo de que las condiciones en Europa o Estados Unidos empeoren. Sin embargo, por ahora creemos que la apuesta es jugable. Las posibilidades de alguna reforma estructural antes de que termine este sexenio son altas, hay grandes incentivos para ello y las de un colapso en Europa parecen estarse acotando, lo mismo que el riesgo de una eventual caída pronunciada de la economía norteamericana. A este escenario le asignamos una probabilidad de alrededor de 70 por ciento.
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