A cuidar el voto

No hay ningún candidato que no esté en favor de preservar la estabilidad de los precios y la conducción sana de la economía.

El próximo domingo los mexicanos acudiremos a las urnas a expresar nuestra voluntad respecto de quién queremos que conduzca el país en los próximos seis años. La decisión no es para nada trivial; tenemos que decidir por una de las cuatro opciones frente a nosotros, lo que podría significar diferencias en el futuro para nuestro bienestar y el de nuestras familias.

Nuestra obligación como ciudadanos es informarnos lo mejor posible y en la medida de nuestras posibilidades evaluar la trayectoria, atributos y debilidades de los distintos candidatos, así como sus propuestas en términos de sensatez, viabilidad y posibles implicaciones. En la medida en que los conozcamos, estaremos en posibilidad de votar por el que mejor satisfaga nuestros intereses y los de la sociedad. Lo mismo aplica para la elección de quienes nos gobernarán en la ciudad y delegaciones y para quienes nos representarán en el Congreso de la Unión y Asamblea Legislativa.

La elección, que involucra en su organización a un numeroso contingente de ciudadanos (más de 700 mil), se concibió en su diseño y operación para resultar en un ejercicio transparente y prácticamente a prueba de fraudes, tal y como lo han hecho ver autoridades y diversos especialistas en la materia. Todo indica que el próximo domingo, antes de la media noche, sabremos quién triunfó en la contienda presidencial.

Contra lo que algunos expresan, quizá maliciosamente por el periodo electoral en el que estamos, el país que se va a entregar el primero de diciembre goza de cabal salud en lo macroeconómico y financiero, lo cual no es poca cosa si se considera lo que pasa en el resto del mundo: Europa en recesión, Estados Unidos perdiendo parte de su impulso, de por sí moderado, y las principales economías emergentes desacelerándose de manera preocupante.

En México la inflación está en bajos niveles, dentro del intervalo alrededor del objetivo del Banco de México (+/- un punto porcentual alrededor del 3%), las reservas internacionales se encuentran en niveles récord históricos (156 mil millones de dólares), el tipo de cambio se ha ajustado de manera ordenada en respuesta a la incertidumbre en los mercados financieros externos, hay solidez y disciplina en las finanzas públicas, niveles de deuda pública moderados (alrededor de 32% del PIB, coeficiente por debajo del que tiene la mayoría de los países), un ligero desequilibrio en las cuentas externas, sin que signifique mayor problema para su financiamiento y un sistema financiero sólido, bien capitalizado y con una adecuada supervisión y regulación por parte de las autoridades financieras.

Sin embargo, lo anterior se eclipsa por factores diversos, entre otros: un crecimiento de la economía que dista de ser satisfactorio, no de ahora, que se ha visto afectado por la crisis global de 2008 y que pudiera impactarse por la actual crisis en Europa, sino de los últimos 25 años, una insuficiente generación de empleos, sobre todo formales, un crecimiento moderado del ingreso, una educación de calidad deficiente, niveles de pobreza preocupantes, una impartición de justicia que deja mucho que desear, una excesiva concentración en muchos mercados de bienes y servicios, un corporativismo acendrado en el mercado laboral, reformas estructurales que no han podido materializarse por muy diversas razones y condiciones precarias de seguridad pública en distintas regiones del país, elementos que sin duda afectan a la economía, sobre todo en su potencial de crecimiento y en el bienestar de la población.

No hay ningún candidato que no esté en favor de preservar la estabilidad de los precios y la conducción sana de la economía; por el contrario, se inclinan por crecimientos del producto más elevados, que favorezcan una más rápida generación de empleos y mayores niveles de ingreso. De igual manera, se comprometen, entre otras muchas propuestas, a extender la cobertura de los programas sociales, a incrementar la inversión física en infraestructura y en capital humano, a promover la inversión privada y la investigación tecnológica, a mejorar la seguridad y a favorecer políticas que protejan el medio ambiente y el desarrollo sustentable.

Necesitamos que el próximo Presidente no sólo tenga una clara idea de cómo atender éstas y otras cuestiones, que preserve lo bueno y atienda las deficiencias y rezagos, sino que también comprenda a fondo el complejo juego de las grandes tendencias de la política y economía mundial y la mejor manera de insertarnos en ellas. El mundo es cada vez más pequeño y no nos podemos aislar de lo que sucede en otras regiones; nos impacta de una u otra manera. Necesitamos un Presidente de grandes miras, en lo interno y externo.

En fin, esperamos que se haga una evaluación seria y responsable de quienes aspiran a gobernarnos y se realice la mejor selección en esta contienda del primero de julio.

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