La economía estadunidense sigue en fase de expansión moderada
- La producción industrial, aunque reporta casi tres años de crecimiento, no termina de remontar la caída sufrida en la recesión económica.
No obstante la difícil situación por la que atraviesa Europa, enfrascada en posturas difíciles de reconciliar y vulnerabilidades y riesgos elevados (Alemania en favor de medidas de austeridad, Francia por la adopción de medidas de estímulo, Grecia en la antepuerta de abandonar el euro y la banca luchando por sobrevivir), la economía de Estados Unidos sigue inmersa en una fase de expansión económica moderada.
Si bien no es un crecimiento con el que se sientan cómodos autoridades y analistas de aquel país (en el primer trimestre el PIB creció 2.2% y se estima para el año un crecimiento promedio similar), en particular por los limitados avances en materia de empleo (la tasa se mantiene por arriba de 8.0%), conforta parcialmente el que las condiciones de producción y gasto no presenten deterioro, lo que no implica que no haya riesgos y amenazas que pudieran poner en jaque esta perspectiva.
El dinamismo de la economía estadunidense se ha visto afectado por diversos factores, como el proceso de desapalancamiento y limitado crecimiento del ingreso de los hogares, la depresión en que encuentra el sector inmobiliario residencial (en recuperaciones anteriores era un factor de impulso), el ajuste del gasto de los gobiernos locales y el menor crecimiento de las economías en el exterior.
A pesar de estas limitantes y de lecturas de los índices de confianza del consumidor que distan de corresponder con las observadas antes de la recesión, el gasto de los hogares continúa con una gradual tendencia de alza. Igual ocurre con el gasto de inversión de las empresas, que se mantiene ascendente pese a que las condiciones no son del todo favorables; se vislumbran riesgos en los mercados externos (probable recesión en Europa y desaceleración de las economías emergentes, sobre todo de China y otras de Asia-Pacífico) y los inherentes a un mercado interno débil.
La producción industrial, en particular la manufacturera, aunque reporta casi tres años consecutivos de expansión, no termina de remontar la caída sufrida en la recesión, lo mismo que la capacidad utilizada en las empresas que se ubican por debajo del 80.6% registrado en diciembre de 2007. El desempeño de la industria podría afectarse por un menor dinamismo de las exportaciones, aunque éstas siguen estableciendo niveles récord.
De acuerdo con algunos indicadores recientes, como los de ventas minoristas, pedidos de fábrica y gerentes de abastecimiento (ism) del sector no manufacturero, parece que la economía está perdiendo fuerza, percepción que se refuerza con los malos datos de generación de empleos —no agrícolas— en marzo y abril, cuando promediaron 135 mil, cifra muy por debajo de los más de 240 mil promedio de los tres meses anteriores. Es posible que esta desaceleración, al parecer suave, sea consecuencia de un anormal mayor crecimiento del gasto durante el invierno, al experimentarse condiciones climáticas menos adversas que en años anteriores.
Por lo pronto, comienza a especularse con respecto a posibles medidas que pudieran adoptarse si la desaceleración se extiende más allá de lo razonable, o bien para limitar una posible caída más pronunciada del ritmo de expansión de la actividad económica.
En las minutas de la última reunión del Comité de mercado Abierto del Banco de la Reserva Federal (FED) no se descarta la posibilidad de una política monetaria más acomodaticia si la economía pierde “momentum”, o si se exacerban los riesgos para el crecimiento. En junio próximo termina el actual programa del FED, consistente en aumentar la duración de sus activos mediante el intercambio de valores de corto a largo plazo hasta por un monto de 600 mil millones de dólares. La proximidad del término de este programa ha generado la expectativa de que al concluir se implementará un nuevo programa de facilidades cuantitativas (QE3), sobre todo al no haber dudas de que las autoridades harán cuanto esté a su alcance para mantener a la economía en expansión.
México se beneficiará mientras Estados Unidos continúe creciendo. A diferencia de otras economías, dependemos poco de Europa y Asia-Pacífico, al igual que de materias primas cuya demanda y precio mundial han caído. Así como nos afectó nuestra relación con Estados Unidos cuando su recesión en 2008-2009, ahora nos favorece su crecimiento cuando otras regiones del mundo sufren de un debilitamiento de su actividad económica.
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