Qué hay detrás de un viejo “cascarrabias”

Tener sentido del humor es ser consciente de la relatividad de las cosas

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo: conversaba con unos amigos cerca de los resultados que ha tenido esta columna después de un año, y alguien me dijo —con razón— que yo hablo siempre o casi siempre de los aspectos positivos de nuestra edad, pero que no podemos pasar por algo que hay y siempre habrá, queridos viejos: que al paso del tiempo se vuelven hoscos, irascibles, quejumbrosos, enojones; lo que muchas personas llaman cascarrabias.

Y si buscamos en el diccionario los sinónimos de cascarrabias, encontramos quisquilloso, irritable, irascible, gruñón, protestón, pulguillas (éste último no lo había conocido), pero tú sabes, querido viejo, lo que decimos cuando un individuo es cascarrabias.

¿Hay muchos cascarrabias entre los queridos viejos?, no tengo datos o cifras, pero es una realidad que muchos individuos al paso del tiempo parece que pierden el sentido del humor, no están contentos con el mundo, se molestan diariamente y lo expresan de muchas formas y, no lo podemos negar, eso afecta a todos los que están a su alrededor.

Pero vale la pena ahondar un poco. ¿Qué hay detrás de un viejo cascarrabias?

Un querido viejo se puede volver cascarrabias por enfermedad; las enfermedades de los huesos y articulaciones que causan dolores o inflamación en brazos, piernas, o espalda; puede haber una mala digestión porque los intestinos o el hígado no funcionan bien, o tal vez el problema es la falta de sueño porque los riñones los despiertan muchas veces en la noche; son achaques que por un lado hacen ver a nuestro querido viejo que está enfermo y, por otro, los dolores o incapacidades merman su calidad de vida.

Si hay buena comunicación del viejo con su familia y sus amigos y se hace el diagnóstico correcto y se toman las medicinas adecuadas, muchas (no todas) molestias pueden disminuir y el viejo se sentirá un poco mejor.

Pero el viejo también se puede volver cascarrabias porque nadie le hace caso, y de la misma forma que un bebé o un niño grita y patalea cuando no le hacen caso o no lo oyen, el viejo llama la atención quejándose de esto o de lo otro, como diciendo: “aquí estoy, háganme caso”. Esto lo vemos en más de una familia que, aunque le diga al viejo que lo quiere, no le hace caso, lo relega poco a poco de la vida familiar, no lo hace partícipe de las actividades, viajes o paseos, lo ignora, simplemente lo ignora, y el viejo reacciona así, lo que, lamentablemente, puede agravar aún más la situación porque la familia no lo aguanta y él sigue teniendo una actitud negativa.

Pero, más en el fondo, el querido viejo puede tener simplemente miedo; miedo a la soledad, miedo a la decrepitud, miedo al desvalimiento y a la muerte, y si no platica y expresa lo que siente, y si sus familiares o amigos no lo oyen, esos miedos le harán volverse hosco y cascarrabias.

Todos podemos ayudar a un querido viejo que se ha vuelto cascarrabias, hablar con él, pero sobre todo escucharlo; una buena conversación puede hacer más que cualquier sicólogo o cualquier medicina y tú, mi querido viejo que no eres cascarrabias, puedes contagiar tu optimismo a todos los que están cerca de ti.

Nota: ya estoy recibiendo historias muy interesantes de mis queridos viejos.

Médico y escritor

raalvare2009@hotmail.com

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