Un segundo paquete de rescate a Grecia

- Se pretende que en 2013, el país logre un balance primario positivo de sus finanzas públicas.

Después de un largo y tortuoso viacrucis, finalmente se logró un acuerdo entre las autoridades griegas y la comunidad europea para destrabar un segundo paquete de rescate económico por 130 mil millones de euros (el anterior, por 110 mil millones de euros, se otorgó apenas en mayo de 2010).

En estos días se espera también que se concrete la negociación del gobierno griego con los acreedores privados (bancos y fondos de inversión), quienes acordaron una quita “voluntaria” equivalente a 53.5% del valor nominal de la deuda que reduciría el saldo de la deuda del gobierno en alrededor de 100 mil millones de euros (se estima que la quita podría alcanzar hasta 70% si se considera el mayor plazo y menor rendimiento que resultará del intercambio de bonos).

Con estas acciones y con el programa de austeridad que deberá aplicar el gobierno griego se pretende reducir la magnitud de la deuda pública en su proporción con el PIB de 160% actual a 121% en el año 2020.

No obstante lo alentador de este acuerdo, que seguramente brindará un ambiente de mayor optimismo y estabilidad a los mercados financieros, al menos en el corto plazo, persisten dudas con respecto a si el paquete será suficiente para sacar a Grecia de su problemática de deuda, dado que muy probablemente le espera un prolongado periodo de estancamiento económico, ello sin considerar que con 2011 acumuló tres años consecutivos de caída de su PIB. Al respecto, la calificadora Fitch redujo al menor nivel de su escala (prácticamente de impago) la calificación de Grecia (de “CCC” a “C”).

Las medidas que Grecia deberá adoptar restarán a su precaria situación económica: el salario mínimo se reducirá 20%; se recortarán 15 mil empleos de la burocracia; se reducirán pensiones; habrá un menor gasto en defensa y medicamentos, se enajenarán y concesionarán activos públicos y se emprenderán reformas estructurales en los mercados laboral y de bienes y servicios. Se pretende que en 2013 logre un balance primario positivo de sus finanzas públicas.

La desconfianza en las autoridades griegas ha desplegado mecanismos de control como nunca antes se habían tenido para otro país. Además de que se reforzará el grupo de trabajo para Grecia, con una presencia mejorada y permanente de la Troika, el país deberá crear una cuenta bloqueada para dar prioridad al pago de la deuda (ingresará los pagos correspondientes a la deuda de los siguientes trimestres). De igual manera, se le exige de manera inmediata ajustes en materia de sanidad, impuestos, pensiones, mejora en viabilidad de estadísticas y regulación y supervisión financiera, entre otras.

Faltan todavía algunos cabos por amarrar: Grecia deberá someter a su Parlamento la legislación necesaria para el acuerdo; los acreedores privados deberán dar su visto bueno; el Parlamento alemán deberá votar sobre el paquete de rescate y uso de recursos del Fondo Europeo de Estabilización Financiera; y deberán calcularse las aportaciones de los acreedores oficiales, entre otras cuestiones. Los bancos centrales nacionales acordaron transferir a Grecia las utilidades hasta el 2020 de su tenencia de bonos helénicos (en el caso del BCE transferiría las utilidades a los bancos centrales, los cuales podrían reenviar este beneficio a Grecia); y en el caso de los créditos bilaterales otorgados a Grecia a partir de 2010 por los países de la eurozona (primer paquete de rescate principalmente) se le concederá una reducción de las tasas de interés.

El camino para Grecia será arduo, deberá no sólo ajustarse a sus recursos reales disponibles (vivió muchos años más allá de sus posibilidades), sino emprender medidas de largo plazo que le permitan mejorar la competitividad de su economía para retornar a una senda de crecimiento sostenible de la producción y empleo. Quedará la duda, sin embargo, de si no hubiera sido preferible un retiro temporal de Grecia de la zona euro para mediante una moneda propia restituir la competitividad de su economía de manera más acelerada, sin que ello exima la necesidad de tomar medidas estructurales que la refuercen, le den permanencia y aseguren mejores niveles de vida para su población.

Las nuevas condiciones de menor incertidumbre por la situación en Europa (a la reestructura de Grecia se suma una acción más decidida y firme de las autoridades monetarias de la zona euro), aunado a una racha de buenos resultados económicos en Estados Unidos y la adopción de medidas de estímulo en algunas economías emergentes como China, deberán animar a los inversionistas a considerar inversiones más riesgosas. Por lo mismo, esperamos una gradual mejoría de los mercados accionarios, mayores flujos de capital a las economías emergentes (fortalecimiento de sus tipos de cambio) y consecuentes menores tasas de interés de largo plazo.

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