Perspectivas de la economía para 2012
- Las previsiones del año consideran un crecimiento moderado de la actividad estadunidense, y una ligera recesión para el promedio de los países de la zona euro.
La semana pasada hicimos un breve recuento de la economía en 2011, un año excepcionalmente complejo, en el que lejos de consolidarse la recuperación global, ésta se puso en riesgo, en particular para los países avanzados.
Para 2012 la generalidad de las perspectivas de los economistas se basan, no en que se solucionará la problemática que aqueja a la eurozona y a EU, lo que se espera para un horizonte de largo plazo (cuatro o cinco años), sino en la gradual estabilización de su situación actual y en la expectativa de que las medidas que se adopten les permitirá avanzar en la dirección correcta.
De entrada, las previsiones del año consideran un crecimiento moderado de la economía estadunidense, una ligera recesión para el promedio de los países de la zona euro y una desaceleración del crecimiento de los países emergentes. El FMI estima un crecimiento para el mundo de 3.3%, tasa por debajo de su expectativa anterior (4.0%).
En Estados Unidos, no obstante la reciente mejoría de algunos de sus indicadores de producción y empleo, persisten graves desequilibrios que limitarán su crecimiento. El proceso de desapalancamiento de los hogares y el elevado desempleo limitarán el gasto de consumo. No obstante una previsible mejoría, la construcción y venta de casas seguirán deprimidos y no se descarta una caída adicional del precio de los inmuebles. La moderación del crecimiento fuera de Estados Unidos será un obstáculo para sus exportaciones y el cuantioso déficit fiscal y trayectoria de la deuda serán factores de preocupación en los mercados. La economía estadunidense podría crecer en alrededor de 2.0%, una tasa muy por debajo de las registradas antes de la recesión.
La crisis fiscal y de deuda en Europa ha escalado de manera preocupante. La contaminación sufrida por el sector financiero ha dado lugar a un proceso de desapalancamiento de las instituciones con la consecuente contención del crédito, lo que agrava la situación económica y los déficit fiscales. Prevalece desconfianza en las instituciones y la percepción de que las medidas tomadas no son acordes a la magnitud de los problemas. Se estima una caída del PIB de la eurozona de entre 0.5 y 1.0 por ciento.
Los países emergentes crecerán a un ritmo más moderado que en 2011 (5.4%). China e India, no obstante su expectativa de menor crecimiento (8.5 y 7.0%), contribuirán de manera significativa al crecimiento de la economía global. Los menores precios de algunas materias primas impactarán en el crecimiento de los países productores.
Para México se estima un crecimiento de 3.3 por ciento. El menor dinamismo con respecto a 2011 (3.9%) resultará de una moderación en el crecimiento de la demanda externa. Sin embargo, se espera una mayor fortaleza del mercado interno, apuntalado en el crédito y en una mejoría del empleo, además del estímulo de los programas de vivienda e infraestructura. El crecimiento de las distintas actividades productivas será más equilibrado, en el contexto de una economía que tenderá a su comportamiento histórico.
Condiciones todavía holgadas en los mercados de factores y expectativas inflacionarias bien ancladas, no obstante la volatilidad cambiaria y el crecimiento del crédito (su nivel sigue bajo como proporción del producto), se reflejarán en bajas presiones inflacionarias y en un moderado desequilibrio de las cuentas con el sector externo. La inflación anual se prevé en 3.6% y el déficit de la cuenta corriente en 1.2% del PIB.
Aunque el Banco de México mantendrá su actual postura de política monetaria (la tasa de referencia permanecerá en 4.50%), no se descarta que implemente una política más acomodaticia si se presenta un deterioro del entorno internacional mayor al previsto.
El tipo de cambio podría terminar el año por debajo de como cerró 2011, en alrededor de 13.00 pesos por dólar. Su evolución dependerá principalmente de la situación en Europa; de estabilizarse, habría una menor aversión al riesgo y un renovado apetito por rendimientos atractivos, situación que podría resultar en mayores flujos de capital al país. En estas condiciones, las tasas de interés de largo plazo se mantendrían en niveles bajos y estables, alentando una mayor demanda crediticia.
Los principales riesgos son un empeoramiento de la situación en Europa (las probabilidades de colapso para el euro parecen bajas) que impacte con mayor virulencia en los mercados financieros y un crecimiento de la economía estadunidense menor al proyectado. Internamente, los riesgos derivan de la inseguridad pública y de eventuales problemas asociados al proceso electoral federal.
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