Claroscuros de la crisis de la eurozona
- El BCE parece haberse enfocado más al control de la inflación que a prevenir y asegurar la estabilidad de los sistemas financieros.
La crítica más recurrente a la crisis en Europa radica en la lentitud con que han actuado las autoridades políticas y económicas de la eurozona y en la insuficiencia de las medidas adoptadas, una situación que contrasta con la manera en que se abordó la crisis económica financiera que azotó a Estados Unidos en 2008.
Al respecto, hay dos diferencias importantes que contribuyen a explicar lo que acontece en Europa: la limitada capacidad de acción de las autoridades monetarias y la ausencia de reglas uniformes y de carácter obligatorio en materia de política fiscal.
Mientras que en Estados Unidos el Banco de la Reserva Federal contó con atribuciones prácticamente ilimitadas en su ámbito de acción, siempre y cuando no se desatendiera el mandato dual de la institución, de mantener la estabilidad de los precios y buscar el pleno empleo, en Europa las facultades del Banco Central Europeo (BCE) se encuentran seriamente constreñidas, comenzando con que no puede operar como prestamista de última instancia. Mientras que en Estados Unidos se emprendieron medidas inéditas para contener y revertir la crisis, en Europa la intervención del BCE ha sido tibia y cuestionada, sobre todo cuando se ha visto en la necesidad de adquirir deuda soberana.
El BCE parece haberse enfocado más al control de la inflación que a prevenir y asegurar la estabilidad de los sistemas financieros. Por mucho tiempo, apenas hasta ahora en que cambió de presidente, la institución se negó a bajar las tasas de interés.
La incapacidad del BCE se ha tratado de suplir con el Fondo Europeo de Estabilización Financiera, el cual debiera intervenir en los mercados de bonos, en el otorgamiento de créditos a los países de la región y eventualmente con apoyos a la recapitalización de los bancos comerciales; sin embargo, sus facultades y recursos no parecen ser suficientes para tranquilizar a los mercados.
Por lo que hace a la política fiscal, los países se han manejado con criterios autónomos, lo que ha redundado en déficit y deudas públicas diferenciadas, algunas de ellas desproporcionadas. No en vano algunos países de la región se han opuesto a la emisión de eurobonos garantizados por la Unión Europea o a darle mayores facultades al BCE, en tanto no se establezcan compromisos que obliguen a los gobiernos de los países miembros a emprender reformas que aseguren la sostenibilidad fiscal de largo plazo y que mejoren la competitividad de sus economías.
Lejos de componerse, la situación de Europa ha tendido a agravarse y persiste el temor de que pueda afectar el desempeño de la economía global a través de la contaminación de los sistemas bancarios con la consecuente restricción del crédito. Por lo pronto, las distintas calificadoras de riesgos degradan a diestra y siniestra las deudas de cada vez más países e instituciones bancarias (en algunos casos las calificaciones se ubican en niveles equiparables a los de bonos chatarra). Sorprende el significativo aumento de las tasas de los bonos de los países con problemas al llegar a sus niveles más altos desde el nacimiento del euro.
La expectativa de que se elevarían los recursos del Fondo de Rescate se frustró la semana pasada al no encontrarse inversionistas extranjeros interesados en aportarle capital. Sin embargo, esta mala noticia se subsanó con el comunicado de que seis de los principales bancos centrales del mundo emprenderían a través de swaps de divisas acciones para brindar mayor liquidez al sistema financiero global y mitigar así las presiones en los distintos mercados financieros. Por su parte, el FMI busca elevar las cuotas de los países miembros para disponer de mayor capacidad de acción en la eurozona.
El próximo 9 de diciembre se esperan medidas tendientes a una futura integración fiscal; sin embargo, se requiere también de un papel más protagónico del BCE, además de otros temas por resolver, como la recapitalización de los bancos comerciales y la quita a la deuda griega.
Países como México no están ajenos a la problemática en Europa; sus efectos se han resentido en una depreciación del tipo de cambio, en mayores dificultades de fondeo para las empresas en los mercados externos de capital y eventualmente podría impactar en el crecimiento de la economía estadunidense, nuestro principal mercado externo. En cuanto al tipo de cambio, el Banco de México recién anunció medidas preventivas, consistentes en subastar dólares cuando de una sesión a otra se presente una depreciación mayor al 2%, con el fin de garantizar liquidez en el mercado de cambios.
Para más información llama
al 01-800-2262668; síguenos en Ttwitter: @bancomultiva o ingresa a www.multiva.com.mx
